|    Pico y placa Quito:  9-0    |  

Imaginarios urbanos fundacionales

Publicado el 07/Marzo/2009 | 00:07

Los imaginarios fundacionales deben integrarse a las políticas públicas: la conquista de los deseos de estos es un hecho político

Por Fernando Carrión M.


fcarrion@hoy.com.ec

Hoy las ciudades no pueden entenderse exclusivamente desde las lógicas en que las actividades urbanas se distribuyen por el espacio. Tampoco a partir de las infraestructuras básicas del transporte o del agua potable, o desde las entradas económicas de los precios del suelo, o del gobierno de la ciudad. Es imprescindible también aproximarnos al conocimiento de las urbes tomando en cuenta lo que piensan sus habitantes mediante los imaginarios que tienen; es decir, de las ópticas culturales.

Los imaginarios no son otra cosa que la realidad que percibimos haber vivido, sentido y experimentado, lo que a su vez, nos lleva a vivirla según ellas. En otras palabras, nosotros construimos los imaginarios y luego ellos nos habitan para que podamos actuar.

En esa perspectiva Quito tiene, entre otros, tres imaginarios fundacionales que definen la esencia de sus habitantes: el primero que viene de nuestra localización geográfica. La misión geodésica de 1736 determinó el lugar equinoccial de la ciudad de Quito y el nombre ecuatorial de nuestro país: la mitad del mundo. El segundo que viene de los siglos de la historia y de la condición perpendicular de los rayos solares, nos llevan a un orden urbano y a una cotidianidad canicular: mitad del tiempo. Y el tercero, la localización entre volcanes activos y pasivos, donde sobre sale la presencia del Pichincha como lógica defensiva estratégica a la hora de la conquista y la independencia.

Los tres casos nos presentan una situación de sumo interés: históricamente la ciudad le dio la espalda a su origen -manifestado en el centro histórico- lo cual condujo a la existencia de este emblema y memoria de la ciudad y que el imaginario lo negó; geográficamente la localización equinoccial se ha reducido en el tiempo, al extremo que se podría afirmar que se perdió geografía -es decir realidad- pero que el imaginario lo ha ido potenciando; y el volcán constituido como elemento estratégico de realidad se ha convirtiendo en un límite imaginario a la perspectiva de su proyección.

Hoy día los otros-nosotros, nacidos por la emigración de los años de la crisis, producen cambios notables en la realidad-imaginario que el allí-acá las renuevan. La mitad del mundo se reposicionamiento en la realidad y el imaginario gracias a las remezas económicas y culturales; así como a la aproximación de los territorios distantes con nuevas formas de representación política. No se diga respecto de la temática del tiempo, donde el tiempo real lo introduce la tecnología: celulares, Internet, cámaras de fotos, etc. Y cómo no afirmar que los horizontes representados por el Pichincha terminan por ser desbordados.

En otras palabras los imaginarios urbanos fundacionales no son estáticos; de allí que no se puede negar la existencia de una característica central: tienen una geometría variable del tiempo y del espacio; de lo perdido y lo deseado, lo cual quiere decir, que los imaginarios configuran el patrimonio cuando lo producen y lo viven.

Pero también quiere decir que los imaginarios fundacionales deben integrarse a las políticas públicas porque la conquista de los deseos de los imaginarios es un hecho político. No hacerlo es desconocer lo que sus habitantes piensan.

Hora GMT: 07/Marzo/2009 - 05:07

Archivado en | Opinión Perspectivas 

Tags : Fernando Carrión 



Actualizado por

1

hoyenlinea - en Diario HOY - Noticias de Ecuador.

Publicidad