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Idólatras posmodernos

Publicado el 19/Diciembre/2012 | 00:48

Segundo E. Moreno Yánez

smoreno@hoy.com.ec

La "postmodernidad como decadencia", explica Jesús Ballesteros (en: Postmodernidad: decadencia o resistencia. Madrid, 1997), es solo fruto de un escepticismo y presenta una triple dimensión: a) epistemológica: al disolver la verdad en el texto y negar la realidad en un interminable proceso de interpretación; b) antropológica: al disolver lo consciente en lo inconsciente y desdeñar la persona en un indefinido número de máscaras; y c) política con "la disolución de la política en simulacro y la democracia en dictadura". Al contraponer a la semiología estructuralista una hermenéutica nihilista, se ha intentado "suplantar la Biblia por su 'texto' en el que, frente al orden, la memoria y la verdad, aparezcan el azar, lo aleatorio, la necesidad y el juego". No admira, por lo tanto, que esta "ideología" pretenda transformar todas las manifestaciones religiosas en "fetiches lúdicos", incluso con las declaraciones de "patrimonios intangibles", que se justifican bajo la mascarada de reconocimientos oficiales de las culturas aborígenes y del saber popular.

Gracias a la institucionalización burocrática, varias son las mutaciones de fiestas religiosas populares en mojigangas dionisíacas que aparentan "inocencia y juego", bajo "el principio del placer sobre el principio de realidad", propio de la new age. Desde hace algunos años, por ejemplo, los "danzantes de Corpus" que demostraban su adoración a la Divinidad cristiana, hoy lo hacen para honrar al funcionario de algún ministerio y atraer idólatras posmodernos (turistas) que dejarán sus óbolos en las arcas del dios de las riquezas "Mammón". Pronto el Estado, en un afán de controlar incluso los sentimientos religiosos, retornará al "empoderamiento" del espacio público, con la "folklorización laica" de procesiones, pases del niño, etc., o con la repetición de prohibiciones emanadas de los gobiernos liberales de inicios del siglo XX. No admira, por lo tanto, la nominación de "divas de la farándula" y "diosas del Olimpo"; tampoco las públicas rogativas con fetiches que representan a líderes políticos.

Como en los países mesoamericanos se ha despertado la anticuada "moda maya" con la celebración del "Oxlajuj Baktun" (cambio del ciclo calendárico), para hacer modernos y lucrativos negocios, también en Andinoamérica, al decir de Henrique Urbano (1998), "improvisados intelectuales" han desarrollado "visiones arcaicas y obsoletas de la herencia simbólica andina" con la creación de falsos "mitos identitarios". Con razón escriben Carmen Bernand y Serge Gruzinski en su ensayo provocativo: De l'idolâtrie. Une archéologie des sciences religieuses (Paris, 1988): "En la actualidad [posmoderna] la idolatría no es para nosotros más que una variante de la pasión, un sinónimo decrépito de adulación; y el ídolo sólo una estrella de paso, la diversión de un momento o de una generación".

 

Autor: Segundo Moreno - smoreno@hoy.com.ec Ciudad Quito

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