Por Xavier Neira Menéndez
Uno de los temas sensibles que muestra discrepancias existentes en Alianza País es la política minera. Ya el mandato minero evidenció fisuras existentes. Luego al debatirse estos asuntos en la Asamblea para integrarlos a la Constitución, se ahondaron las controversias. Entonces el presidente Correa criticó el "izquierdismo ecológico infantilista" de algunos asambleístas. Ahora, presentado al congresillo el proyecto de Ley Minera, diversos grupos sociales, aduciendo que la actividad minera es incompatible con los objetivos del buen vivir anuncian que boicoterán por todos los medios dicho proyecto. Acción Ecológica, conocido grupo de ambientalistas radicales, proclaman "no queremos ser un país minero". La Coordinadora por la Defensa de la Vida y la Soberanía pide que se archive el proyecto y se declare al Ecuador como "país libre de minería". La confrontación existe pero el proyecto es perfectible.
En términos generales la ley minera que propone el Ejecutivo revela el afán de emprender un reformismo moderado, que se vuelve imperioso a la luz de limitaciones que imponen no solo la gobernabilidad posible sino los cambios dramáticos que la crisis mundial está provocando y el colapso de las acciones mineras en el alicaído mercado bursátil.
La nueva política pública minera presupone un equilibrio entre desarrollo económico y responsabilidad social con participación razonable del Estado en los ingresos que genere dicha actividad, respeto al entorno natural y beneficios adecuados al inversionista que arriesga, pues encuentra atractivo el negocio. Es lo que hoy se denomina "ecología de mercado" y quien mejor sustenta esta teoría es el académico americano Fred Smith, fundador del CEI, Centro especializado en la difusión de soluciones de mercado a los problemas medioambientales, en base a principios que están lejos de utopías conservacionistas. El mercado no debe ser concebido solo como móvil "egoísta", si no que su vigencia real debe someterse a conveniencias de naturaleza social y humana que deben ser reguladas por el Estado. Esa es la verdadera economía social de mercado que aplica Alemania y que aquí se la critica sin conocérsela. Cierto que la Constitución dispone que el Estado controle y castigue abusos que afectan al equilibrio ecológico, pero también consagra un modelo de desarrollo sustentable que respete la libertad de emprender a individuos y empresas para proyectos que permitan crear riquezas, generar empleo, progresar como sociedad, máxime si constan en el Plan de Desarrollo, como la minería.
Hoy que la revolución tecnológica y la comunicación instantánea generan más y más libertad para el individuo, no podemos sustraernos, con patrioterismos caducos, al desarrollo y al progreso. El resultado positivo de la globalización es eso: conocimiento tecnológico, computadoras, Internet, celulares, videos. No podemos vivir enclaustrados bajo conceptos obsoletos de absurdos conservacionismos. Si no producimos más, nos hundimos más ¿Eso queremos?
ppviche@hoy.com.ec
Hora GMT: 24/Noviembre/2008 - 05:05
