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Huesos envueltos, huesos encendidos

Publicado el 30/Enero/2010 | 00:06

Por Margarita Laso
mlaso@hoy.com.ec

Sensibles casos de violencia conmueven a la sociedad ecuatoriana. Son apenas un ladrillo más en el muro de la tragedia nacional. Van de la impunidad al horror, de la alarma por la inseguridad a nuestras precarias nociones de compasión y solidaridad. Ciertamente, no todo nos conmueve de la misma forma, y eso se relaciona o que cierta violencia nos parece normal. La muerte a manos de su padre de una recién nacida arrojada al vacío en el puente del río Chiche pasa a ser una noticia de crónica roja. De esas que estamos dispuestos a ignorar porque no nos atañe, como si no estuviéramos implicados o porque son feroces. Insisto, sin embargo, en que esta es la crónica que retrata a la comunidad en la desnudez de sus verdades más tristes. Suele hablar de la impiedad de la condición humana, del machismo flagrante, del maltrato doméstico, de la violencia contra las mujeres y las niñas y niños.

Ahora, me refiero a los restos envueltos de Carmita, la recién nacida, nombrada aquí con el diminutivo de su malhadada madre. Me refiero a esos huesos minúsculos recuperados del abismo por personal de la Policía: una niña, que nació de la relación de un hombre con esta muchacha de diecinueve o veinte años apenas. Las crónicas difieren en su información sobre este caso. Desde la complicidad manifiesta de la madre en unos relatos, hasta su dramática denuncia de ser víctima de palizas y amenazas de su pareja, un hombre casado. Él es quien lleva a cabo la acción criminal de deshacerse de la niña porque era "una hija fuera del matrimonio". Es difícil conocer con certeza, en todos los casos, los hechos, pues estos dependen muchas veces de las percepciones de quienes los narran. Cada testigo describe lo que oyó o vio o vivió en momentos fugaces, cargados de emociones y circunstancias inatrapables, en las que están implicados ecuatorianos comunes, capaces de formas inverosímiles de crimen y crueldad.

Hay campañas en marcha, pero la violencia contra las mujeres en el país no ha decrecido. Va desde el menosprecio hasta la violación y el asesinato. Y se manifiesta como un comportamiento aceptado por un entorno machista que impone la fuerza y que se señala "los cojones" sin ninguna vergüenza, mientras no muestra ni inteligencia ni respeto. En el país, hay violaciones, abuso sexual, pisas, pero nos hemos negado a percibirlas. Qué importa que las consecuencias sean fatales si las víctimas son mujeres y niños y los victimarios, su propia familia. ¿Es tal vez que se asume en silencio que la indolencia reinará y los violentos no pagarán ninguna pena ni serán condenados por la sociedad ni sentirán el peso de la enclenque justicia?

Pero aquí están los huesos de esta niña, encendidos. Salmos del alma la despiden. El coraje en el corazón de sobrinas nietas hermanas hijas comadres es una cabalgadura: vuela sobre ella Carmita, verás otro rocío, no las lágrimas de tus abuelas. Hay que agitar lumbre hoguera y pira. Que la inconmensurable fuerza de un esternón tierno convierta en cenizas esta impunidad.

Hora GMT: 30/Enero/2010 - 05:06

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