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'Hasta la victoria siempre'

Publicado el 16/Junio/2012 | 00:51

Juan Montaño Escobar

axe858@hoy.com.ec



"El horóscopo era desconcertante". Así comienza Jon Lee Anderson la biografía de Ernesto Guevara de la Serna, célebre por el monosílabo Che. De acuerdo a la carta astral, se identificaba como un "geminiano… y, para colmo, un sujeto más bien mediocre". Ese primer diagnóstico deprimente obligó a la astróloga, amiga de doña Celia de la Serna, a reevaluar sus datos premonitorios, y los resultados variaron a peor: "Se trataba de una personalidad mediocre, sumisa, que habría de llevar una vida sosegada". El prestigio de la pitonisa estaba en peligro, y en ese oficio la credibilidad popular es la única medida referencial para acrecentar el negocio. La madre que rebeló el secreto, su hijo había nacido el 14 de mayo, entonces pertenecía a la cuadrícula de Tauro. Corregida la fecha, el diagnóstico fue inapelable: "personalidad audaz y obstinada". Esas virtudes le acompañarían en todos los andares por el mundo, soportando un asma terca y feroz y demostrando una versatilidad ideológica para privilegiar la justicia social hasta en el reparto más insignificante.

Antes de leer la biografía escrita por J. Lee Anderson, para este jazzman, la mejor había sido aquella salida de la pluma de Paco Ignacio II, sin omitir la calidad de la del escritor argentino Pacho O"Donnell. Aleida Guevara March, en una conversación de pasillo, me recomendó la del periodista estadounidense, porque a ella le gustaba más. Esa historia de vida está escrita en clave de cronista urbano, abunda en detalles de maravilla que el elector se topa de golpe con el mito en construcción y eso no es moco de pavo. El tempo de la revolución cubana estuvo marcado, en sus primeros años, por Fidel y el Che. Sin querer impusieron un fashion, en lo que signifique este anglicismo: "moda", "costumbre" o "señal identitaria". Era una cosa novísima, y la muchachada montaraz y vestida de verde olivo, recién bajada de la Sierra Maestra, bailaba chachachá en la tapa del piano.

Un día de esos, alrededor de las 3 de la tarde del 4 de marzo de 1960, ocurrió la voladura del carguero La Coubre, en el puerto de La Habana. Fue un sabotaje contrarrevolucionario que causó cerca de un centenar de muertos y decenas de heridos. Horas después, una frase de samurái quedaba como símbolo de tenacidad política: "Patria o muerte". Alberto Korda tiró la fotografía más famosa del mundo. Una imagen tan repetida como enigmática, igual que la pintura de La Gioconda, de Leonardo da Vinci. La foto kordiana muestra a un Che, por el lenguaje corporal y la expresión facial, recargado de sentimientos contradictorios: dolor, indignación, tristeza e introspección. Sin saberlo, creó el ícono que adorna cuartos juveniles, que está en camisetas y guardachoques de vehículos y que simboliza la rebeldía de rockeros y cuanto inconforme social sienta "bajos sus talones el costillar de Rocinante".

Un día escribió la frase que resume la "fe inquebrantable en sus propias convicciones": Hasta la victoria siempre.

 

Autor: Juan Montaño - axe858@hoy.com.ec Ciudad Quito

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