Análisis de diario HOY
Tanto Rafael Correa como el alcalde Jaime Nebot podrían reivindicar un triunfo en Guayaquil: el Gobierno por haber conquistado para sus posiciones casi la mitad del electorado de la ciudad; y Nebot por haber resistido la ofensiva lanzada por el gobierno en las últimas semanas, con ofertas y regalos desmedidos.
Si se incluye el voto nulo como parte de los resultados, y se asume que el voto nulo expresó una crítica a todo el proceso constituyente, se podría decir que el No fue, en términos relativos, más fuerte que el Sí.
Sin embargo, el resultado es bastante claro e inequívoco desde otra perspectiva: Guayaquil sale polarizada de esta confrontación política que ha vuelto a plantearse en términos de posturas excluyentes y antagónicas.
A diferencia de otras ciudades del país, el espacio político guayaquileño deja de ser un lugar de consenso, de concertación, para convertirse en el lugar de una confrontación política que no tiene términos medios.
Los críticos del proyecto de Nebot creen que el Gobierno ha logrado repolitizar la ciudad para poner sobre el tapete de la discusión el modelo de gestión vigente en Guayaquil desde hace 16 años. Los defensores del alcalde pueden argüir que el cuestionamiento apunta a destruir la formación de una cultura cívica en la ciudad, desde viejas y anacrónicas figuras retóricas: los pelucones versión correísta de los aniñados abadalcistas- versus los ciudadanos versión correísta del pueblo bucaramista.
Lo lamentable es que la repolitización de Guayaquil adopte la forma del antagonismo excluyente y que esa manera de confrontar pueda perjudicar el desarrollo y la modernización de la ciudad. Si el Gobierno quiere llevar su tesis de la refundación también a Guayaquil, sin respetar el proceso de construcción de un modelo de gestión local eficiente y autonómico en los últimos años, entonces también se impondrá sus tesis de destruir lo existente para construir lo nuevo sobre las ruinas.
El Gobierno ha mostrado un increíble sectarismo hacia el modelo de gestión de Guayaquil porque lo mira no desde lo que ha construido y transformado sino desde los intereses a los que representa (vieja lectura de inspiración marxista). En lugar de plantear una lucha que amplíe, transparente y democratice el modelo, Correa parece movilizar la lógica que le fascina: la destrucción del orden existente para imponer luego su propio orden.
El problema con Correa es que se considera un parte aguas no solo de la nación y el Estado, sino también de los espacios locales que le son adversos.
análisis@hoy.com.ec
Hora GMT: 06/Octubre/2008 - 05:10

06/Octubre/2008 a las 16:51
El unico problema de Correa es que está en el poder...
06/Octubre/2008 a las 17:58
De acuerdo. Rafael Correa está en el Poder, pero eso también podría ser nefasto para el mandatario. Atacar el progreso nunca ha dejado dividendos. Los verdaderos guayaquileños son suficientemente sabios como para darse cuenta de la diferencia. Rafael Correa caerá antes de destruir a esa gran urbe. Él depende de Chávez, y éste, si no elimina físicamente a todos sus contrincantes, en noviembre será un don nadie; entonces Rafael Correa deberá debatirse por su propia sobrevivencia. Es un tigre de papel.
06/Octubre/2008 a las 17:58
En cuanto a la polarización de esa progresista urbe, esta ha sido ideada, y mefistofélicamente orquestada desde Carondelet. La ideología torcida de Rafael Correa, es típica de los recalcitrantes, e intransigentes adeptos de la teología de la liberación, que su propio autor, el cura brasileño que la inventó en los años setenta, ya ha sido descartado del poder por Lula, para evitar que siga haciendo daño. Guayaquil ha resistido piratas, incendios, asaltos de populistas, inepcia de los bucaramistas, etc, etc, que la llegada de Rafael Correa es solo un percance mas, fácilmente solucionable.