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Guayaquil, historia y toros

Publicado el 25/Julio/2010 | 00:05

El pasado taurino de la perla del pacífico, que cumple 475 años de fundación, se remite al siglo XVI

Guayaquil celebra hoy 475 años de su fundación. Resulta válido entonces revisar los registros históricos para entender de mejor manera el largo e interesante pasado taurino de la ciudad porteña.

El ilustre guayaquileño Abel Romeo Castillo publicó la memoria "La fiesta taurina en Guayaquil", en la que recoge, con la precisión que le otorga el haber sido actor de primera línea de la promoción de la fiesta de los toros en la urbe, una extraordinaria secuencia de datos y episodios que sintetizan el pasado taurino guayaquileño. Este valioso documento fue publicado por un importante medio impreso del que citamos interesantes párrafos.

"De 1894 a 1904 existió la famosa plaza de La Victoria. Estaba en el sitio que indica su nombre. Era cuadrada con burladeros en la esquinas. Había sido construida por el empresario español Antonio Moya. Allí actuaron destacados toreros como Leandro Sánchez de León ‘Cachetas’, Gáspar Díaz ‘Lavi’, Zocato, Rebujina, Machío Trigo y Manuel Hermosilla, entre otros.

En 1906, se construyó, en donde hoy está ubicada la Piscina Olímpica, un elegante coso de madera al que se llamó Plaza de La Concordia. Era de tres pisos en cuartos reservados detrás de las barreras, al estilo de la antigua Plaza de Acho".

En el primer piso alto estaban los palcos y, en el segundo, las localidades de general y de sol y sombra. Tenía cabida para 4 000 espectadores. Funcionó hasta 1917.

El aficionado porteño Vicente Cabezas Pérez construyó tres pequeñas plazas de toros: una, en el hipódromo donde toreó, en 1918, el insigne Manuel Mejías "Bienvenida", que fuera figura taurina en España, en donde lo llamaban "el Papa Negro".

Otra, a la orilla del Salado frente al American Park, en donde toreó nada menos que el "Divino Calvo", como también le llamaban a Rafael Gómez "el Gallo", en Guayaquil, realizó una gran faena.

En 1944, se inauguró una nueva plaza con el nombre de Coliseo Velazco Ibarra, ubicada en la manzana que actualmente ocupa el Colegio Municipal de Bellas Artes. Los empresarios fueron los hermanos periodistas Manuel Eduardo y Abel Romeo Castillo. Ahí se celebró la primera feria taurina realizada en el Ecuador, con tres corridas en una misma semana: el 8,10 y 12 de octubre de ese año. En esta plaza, se celebraron varias temporadas taurinas. En una de ellas, torearon el famoso diestro Cayetano Ordóñez "el Niño de la Palma"y su hijo Cayetano. Funcionó hasta 1959.

En 1952 se construyó una graciosa plaza de toros que bautizó con el nombre de La Macarena, situada a orillas del Estero Salado, junto al puente Cinco de Junio. En 1953, en la corrida del 9 de octubre, un toro de media casta de la ganadería nacional Tous , corneó gravemente al matador español Ángel Puchol "Morenito de Valencia", quien falleció esa noche. La plaza funcionó hasta 1960.

Luis Miguel Dominguín actuó en una corrida improvisada en el estadio Capwell, en donde los toros se salieron del improvisado redondel y los toreros tuvieron que perseguirlos por toda la cancha de fútbol. La revista Life en español reseñó el accidentado espectáculo.

En los años 1960, 1970 y hasta en 1980, se organizaban corridas de toros en las plazas del Club Nacional, las portátiles Santiago de Guayaquil, La nueva Macarena y en aquellos años, como hoy, en el Coliseo Cubierto de Deportes, en el que Guillermo Albán, matador de toros, organizó corridas montando en su interior la plaza de toros portátil Vistalegre.


Morante es un torero sin igual

Luego de la grave cornada a José Tomás en Aguascalientes que obligó a cortar la temporada, han sido pocos los toreros que han asumido la responsabilidad de ser la base de la temporada taurina. En esta línea está El Juli, con tardes importantes en las que ha justificado su presencia en los carteles. Pero sin duda, José Antonio Morante de la Puebla es un referente entre las grandes figuras con las que cuenta el escalafón.

Morante de la Puebla ha asumido la responsabilidad de los toreros que no tienen nada que perder, porque son diferentes e inclasificables. Ha realizado faenas impensables, como la famosa "Tarde de la Silla", en el coliseo romano de Nimes (Francia), o antológicas faenas en Jerez o Burgos. Destellos incandescentes en Madrid y Sevilla, entre otras.

Pero lo más importante, más allá del resultado artístico, es que Morante ha sido el torero distinto, artista y genial que copa el espacio dejado a los privilegiados. Sin la necesidad de un resultado cuantificable (cortar orejas), lo que este torero genial provoca ver en una plaza es la composición artística, el arrebato, la improvisación, lo distinto en un mundo monótono. Por eso lleva gente a las plazas. Tiene seguidores que van de plaza en plaza en espera de que simplemente se abra de capote, porque hasta para eso tiene gracia.

En una entrevista al periódico Midi Libre, el fotógrafo Jaques Durand describe con mucha exactitud a De la Puebla: "Es un torero literario, escandaloso y diferente a los demás. Con él, no hay términos medios. Tiene la ambición de torear siempre con profundidad y es la encarnación del torero bohemio. Se muestra con libertad". Por eso Morante es genial e inclasificable, un torero al que hay que ver, un lujo para estos tiempos.

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