Roberto Fernández
rofer@hoy.com.ec
La solemnidad del Corpus Christi, que celebraba la Iglesia el jueves después de la Trinidad, ha pasado a celebrarse en domingo por razones prácticas del calendario laboral. Fue el Papa Urbano IV el que instituyó la fiesta en 1264, para acentuar el culto eucarístico, encargándole a Santo Tomás de Aquino los textos del oficio litúrgico que perduran hasta hoy y que constituyen un modelo en el arte de integrar tres términos que no deben separarse nunca en la vida de la Iglesia: Teología, pastoral y espiritualidad.
En la teología de este misterio de la presencia de Cristo en las especies eucarísticas del pan y del vino, Santo Tomás introduce el concepto de transubstanciación, es decir, la conversión de toda la sustancia del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Así como en la cruz estuvo oculta la divinidad de Jesús, en la sagrada hostia, está escondida su humanidad, pero es un verdadero encuentro con el Cristo de la fe que se hace presente en nosotros mediante los accidentes del pan y del vino, que ya no dicen relación con la sustancia del pan y del vino, sino relación real con el cuerpo y con la sangre de Cristo, sostenidos por su yo, conforme a lo que Él mismo nos dijo: "Tomen y coman, estos es mi cuerpo; tomen y beban, esto es mi sangre" (Marcos 14, 22-25).
Desde el punto de vista de la espiritualidad cristiana, acentúa nuestro santo autor el aspecto de comunión, término que ha venido a resultar sinónimo del término eucaristía. Así considera lícito que se le llame sacramento de comunión, por tres precisas razones: "Porque nos une con Dios, porque nos une entre nosotros que compartimos la misma celebración, y porque nos une con los hermanos difuntos que ya gozan de la presencia de Dios". Y toda la celebración de la santa misa transcurre también en la historicidad de nuestra condición humana, pues es un "memorial de la Pasión de Cristo, don actual de la gracia, y prenda de la gloria futura", es decir: mirada al pasado, conciencia del presente con sus circunstancias y, finalmente, esperanza futura bien fundada. Quizá la mayor problemática de este sacramento de la fe consiste hoy en sus aspectos pastorales. No cabe duda de que existe cierto abandono de los fieles respecto a la misa dominical, aunque todavía nuestras iglesias sigan estando llenas. Los pretextos de siempre deben ser, sin embargo, tomados en cuenta. Unos se quejan de las misas demasiado largas. Otros de las demasiado cortas. Muchos consideran aburrida la predicación, llena de tópicos y desfasada. A algunos les parece exagerada la obligación semanal y quisieran un ritmo light en sus devociones… En fin, habría que mirar las cosas desde el ángulo principal, el del encuentro con el Señor. El que ama a alguien siempre quiere encontrarse con la persona amada. Si amamos a Jesús sinceramente, será un gusto enorme encontrarse con Él, más allá de los consabidos pretextos llenos de engañosa autocompasión. Hemos olvidado quizá también nosotros, como los de aquella vieja Iglesia de Efeso (Apocalipsis 2, 1-4), el amor primero.
Autor: Roberto Fernández - rofer@hoy.com.ec Ciudad Quito
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