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Gran concierto de La Oreja de Van Gogh en Quito

Publicado el 25/Mayo/2012 | 00:34

Gran concierto de La Oreja de Van Gogh en Quito

La mezcla de ritmos que saltaban con armonía, desde el rock a la electrónica, sin olvidarse de los temas románticos, marcaron el concierto de la Oreja de Van Gogh en Quito, que mantuvo a los asistentes en pie durante todo el concierto, pese a que se celebró en un foro con asientos.

Antes, el público se prendió con la música del reconocido cantautor ecuatoriano Sergio Sacoto. Con las luces apagadas, con tan solo un tenue destello azul, el quinteto vasco saltó al escenario con la canción Día cero, de su último disco Cometas en el cielo. La voz de Leire Martínez cortó el silencio del ágora de la Casa de la Cultura, donde tuvo lugar el concierto.

Vestida con cazadora de cuero negra y una falda con lentejuelas plateadas, desde el inicio mostró una energía desbordante sin importarle el mal de altura de Quito, a 2.800 metros en la cordillera andina.

Su efusividad tuvo respuesta en todo el concierto pues, el público estuvo todo el tiempo de pie, bailando y coreando cada canción. La Oreja de Van Gogh actuó en Quito en el marco de la gira de promoción de su último disco Cometas en el cielo, que inició en abril en España, y ha pasado ya por México, República Dominicana, Puerto Rico, Panamá, Argentina y Chile.

El concierto prosiguió con Esta vez no digas nada, Martínez mostró la conexión con los otros miembros del grupo, con quienes bailó mientras el público acompañaba con su coro y aplausos.

Cuidate, que hizo saltar a la fama al grupo en los noventa, también fue coreado el miércoles por un público variado pues había desde cuarentones con corbata hasta adolescentes. Al presentar Promesas de primavera, del último disco, Martínez recordó que el tema "nació de una historia llena de esperanza", de que se acabara la violencia en su país, en referencia a la banda armada ETA.

Al fondo una pantalla y sus proyecciones camaleónicas se adaptaban al motivo de cada canción. Por ejemplo, Las noches que no mueren exhibían imágenes en blanco y negro del manillar de una bicicleta y paisajes que pasaban a toda velocidad, como si el espectador mirara por la ventana de un tren.

Uno de los momentos más emotivos fue cuando el grupo interpretó Rosas y Leire Martínez dejó un buen rato el micrófono a los espectadores, momento en el que unas 4 000 voces que coparon el ágora se unieron en una sola voz para cantar el tema.

Emocionada la cantante sacó su cámara y grabó al público y luego bailó con el guitarrista Pablo Benegas y le dio un beso en la mejilla. Así, una tras una, las canciones míticas y las nuevas fueron aplaudidas, cantadas y bailadas por los asistentes, en una rica mezcla de ritmos. Nostálgica se puso la vocalista al cantar La playa. Con Paloma blanca terminó el concierto que cautivó al público capitalino. (EFE/MEVO)

 

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