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Gracias por protegernos

Publicado el 13/Diciembre/2009 | 00:11

Por Pepe Laso R.


joselaso@hoy.com.ec

Uno de los hechos más significativos de los últimos tiempos es aquel que se ha señalado como la transformación de la visibilidad. Lo "público" ha comenzado a relacionarse con aquello que es visible para muchos o que tiene la posibilidad de ser visto y lo privado es aquello que está oculto a la mirada. Los medios de comunicación, la televisión sobre todo y las nuevas tecnologías, son justamente ese espacio que vuelve público el acontecer social. El poder , en sus diversas formas, ha amado tanto las tinieblas que formuló desde la Edad Media hasta una doctrina de los Arcana imperii, los arcanos del Imperio. El poder argumentaba que, de igual manera que la voluntad de Dios era desconocida para los hombres, el ejercicio del poder y sus designios por analogía debían mantenerse ocultos y secretos para el común de los mortales.

El conflicto entre los medios y los poderes, desde entonces, tiene que ver con estas transformaciones de la visibilidad. Los medios de comunicación, que como toda mirada no son inocentes, por supuesto, tratan de escrutar aquellos designios que, antes y ahora como se decía en muchos casos, entonces, se guardaban y se trataban de ocultar en el "real pecho".

En el último diálogo entre Jorge de Burgos, el monje ciego y bibliotecario de la abadía en la novela El nombre de la rosa de Umberto Eco, y Guillermo de Baskerville, el protagonista de la obra, se dice: "El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda. El diablo es sombrío porque sabe adonde va y siempre va hacia el sitio del que procede. Eres el diablo y como el diablo vives en las tinieblas".

En las tinieblas, porque este monje era el autor de todos los crímenes que se produjeron en la abadía. El monje fue quien había envenenado el libro de la comedia de Aristóteles, texto que trataba de la licitud de la risa. Es aquel gesto el que nos vuelve humanos y que, en su transparencia, nos hace perder el miedo al poder que se autoproclama sagrado y que, a veces, oscurece la luz con el torrente de sus propias y únicas palabras y con el control del derecho del decir de los demás. Es que algunos asambleístas parecen pensar como Jorge de Burgos: "... que la risa libera al aldeano del miedo. Porque en la fiesta de los tontos, el diablo también parece pobre y tonto y, por eso, es controlable".

Aquello que se ha llamado "pluralidad regulada", es justamente aquel esfuerzo político que reconoce los grandes cambios que las tecnologías han producido y las transformaciones de la visibilidad, que tienen su correlato en la inmensa confianza en que los seres comunes que habitamos el planeta vamos superando la minoría de edad y vamos siendo capaces de "producir juicios razonados", los cuales nos permitan incorporarnos reflexivamente en procesos de toma de decisiones a varios niveles de la vida social y política. Aquellos procesos nos llevarían hacia una renovación democrática. Y que no debemos dar demasiadas gracias por protegernos de los malvados. Necesitamos ver.

Hora GMT: 13/Diciembre/2009 - 05:11

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