"Ha madurado", me aseguró Alberto Acosta cuando el 14 de octubre de 2006, la víspera de la primera vuelta electoral, le pregunté sobre el temperamento del candidato Rafael Correa, quien ya había dejado entrever su intemperancia con quienes discrepaban con sus conceptos, riesgoso perfil para quien pretendía gobernar una nación.
Acosta, en cuyo domicilio un puñado de personas forjó la candidatura presidencial de Correa, soñaba con que su amigo y colega de profesión liderara la transformación de las estructuras de una sociedad desigual como la ecuatoriana, objetivo por el cual desde la investigación y la academia Acosta trabajó casi toda su vida.
El episodio ha vuelto a mi memoria tras su renuncia a la Presidencia de la Asamblea, por las presiones absurdas del buró político de Alianza País, que no es más que un grupo de funcionarios de libre remoción de Correa, para quienes la única motivación es ganar el referendo que les garantice la elección presidencial de su jefe en los próximos comicios generales, y con la posibilidad de una reelección inmediata, asunto con el cual Acosta discrepó de manera pública.
La omnipresencia de estos comensales de palacio imponiéndose sobre los asambleístas elegidos en las urnas, confirma lo que se había sostenido en esta columna meses atrás: Que el Ecuador del siglo XXI va camino a la dictadura; a la vez que ratifica que en el país la política se ha vuelto esquizofrénica.
En lugar de propiciar el debate y la pluralidad de las ideas, el "poli buró" pretende evitar la disonancia cognitiva e ideológica, con lo cual se corre el riesgo de enfilar a la nación a la mayor de las aberraciones de una sociedad moderna: el pensamiento único.
La mutación conceptual de personajes provenientes de la academia, a quienes el poder parece haberles obnubilado, estaría llevando al Ecuador a ser testigo de la resurrección de la "partidocracia".
En un escenario semejante, convertir a Montecristi en una sastrería, donde se le confeccione el traje a la medida del mandamás, resulta hasta explicable.
"Uno no establece una dictadura para salvaguardar una revolución, se hace una revolución con el fin de salvaguardar una dictadura", decía a mediados del siglo pasado el ensayista británico George Orwell, quien dedicó su vida a repudiar el totalitarismo del nazismo y el estalinismo.
Para una nación como el Ecuador, que había apostado por un viraje de las aberrantes estructuras políticas, la sentencia de Orwell suena dolorosa tras atestiguar que el buró político del Gobierno de la "revolución ciudadana" buscaba sacar de la escena política justamente a quien propició la candidatura presidencial de Rafael Correa, cuando algunos de sus integrantes hasta caminaban en la orilla ideológica opuesta, pero hoy disfrutan del poder.
Que Acosta deje libre la dirección de la Asamblea para hacer con ella lo que quieran ha sido el principal objetivo del buró político de esta "movimientocracia" que en la madrugada del lunes 23 de junio de 2008 dio un golpe de mano en la Asamblea.
Hora GMT: 26/Junio/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Thalía Flores y Flores
