Por Marco Lara Guzmán
La aparición del socialcristiano Luis Fernando Torres como primer candidato presidencial, primero siempre que no se tome en cuenta la cuasi eterna y omnipresente postulación del Eco. Correa, vuelve actual la influencia del poderío económico en el campo político electoral. Esa mezcla, cruce de caminos o interferencia ha sido censurada, y con razón, en la medida en que el dinero condicione, por ejemplo vía propaganda, la voluntad popular. A más dinero empleado, se ha dicho, mayores serán las posibilidades de victoria, o sea más eficaz el abuso. Aunque empíricamente se puede demostrar que no siempre ha sido así, resulta interesante el propósito, viejo de dos lustros, de igualar las candidaturas, limitando legalmente el gasto electoral.
Es cierto que los poderosos siempre han considerado sabio para sus intereses contribuir económicamente con las candidaturas, al menos con las más robustas, y lo han hecho con el cálculo obvio de asegurar sus posiciones, obtener ventajas o por lo menos evitar los malos tratos gubernamentales. De hecho, y no por pluralistas sino por comprar pólizas de seguridad, han aportado al mismo tiempo para tres o cuatro candidaturas. Pero tales vivezas no han quedado ahí, sino que los potentados han logrado atar a los triunfadores para obtener medidas gubernamentales de su simpatía, elaboración u objeción de leyes según su conveniencia y, por supuesto, recibir nombramientos y hasta áreas enteras para su solaz y disfrute. ¡Cuántos ministros y embajadores han nacido de semejantes labores de parto!
No hay pues discusión en lo teórico, porque todos quisiéramos tener elecciones y gobernantes libres de toda atadura.
Sin embargo, nadie puede asegurar, y mas bien es muy probable, que las amarras que no llegaron a forjarse en las campañas broten muy sólidas durante el ejercicio del poder. No está escrita, pero es cierta, la norma que provoca que los sujetos y agentes del poder político, lenta o rápidamente, se entiendan con los del poder económico y que a veces lleguen a unificarse o a ser compañeros de ruta. Tras los cortinajes de palacios o palacetes se consuman los enlaces. Unos halagan para corromper y otros corrompen para halagar.
¿Cuáles son, principalmente, los gastos que demanda una campaña? Primero, los de propaganda, esto es el pago a medios de comunicación. Segundo, los de movilización y montaje de apariciones públicas de los candidatos por todo el país, para besuquear a quien asome, buscando votos con los ademanes de la demagogia barata y el discurso de purpurina. ¿Quiénes deben pagar eso? Los propios candidatos, si son millonarios, o sus amigos y amigotes, y ahora, aun cuando sea a la fuerza, usted y yo, estimado lector.
Por eso, el que se presente como candidato presidencial entrará a la arena en una abismal inferioridad frente a Correa. No es mala fe ni ojeriza decirlo. Es simple buena vista y recuerdo vivo de lo ocurrido en 20 meses. Ya veremos surgir a diario las cadenas de radio y TV; los "informes" de los ministerios usados como pretextos para hacer incesantes cuñas; entregas de cheques e inauguraciones; caravanas y guardaespaldas, todo esto gratis para el sector oficial.
mlara@hoy.com.ec
Hora GMT: 28/Noviembre/2008 - 05:10

28/Noviembre/2008 a las 11:48
Cualquiera que sea el próximo presidente, este país esta condenado a la peor crisis económica de todos los tiempos, ni siquiera con la dolarización hubo protestas callejeras, ahora revueltas de nefastas consecuencias son previsibles.