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Gestora de la educación

Publicado el 20/Agosto/2003 | 00:00

Para los premios Eugenio Espejo (2003) se designó a Tránsito Amaguaña en la categoría de "Actividades culturales", por encarnar una manifestación viva de la reivindicación indígena y por ser ‘gestora de la educación intercultural’, lo que llevó a un conocido escritor a opinar que esta nominación no era pertinente y que Tránsito Amaguaña es más bien ‘una figura que hace ver la miseria en que quedaron los dirigentes indígenas que lucharon por los cambios históricos’ (HOY, Quito, 2003-08-06). Igual miseria es el desconocimiento de la historia, pues los verdaderos gestores de las escuelas indígenas de Cayambe fueron Dolores Cacuango y la maestra María Luisa Gómez de la Torre, esta última militante del Partido Comunista Ecuatoriano.
En una entrevista mantenida en 1976, María Luisa Gómez de la Torre narra a la antropóloga Mercedes Prieto (en Condicionamientos de la movilización campesina: el caso de las haciendas en Olmedo / Ecuador -1926- 1948. PUCE. Quito, 1978) la historia de la fundación de las primeras escuelas, en 1945, en la zona politizada de Cayambe, donde los campesinos indígenas comprendieron su importancia. “Una de estas campesinas supo que yo era maestra”, cuenta Gómez de la Torre. Y añade: “Entonces me dijo: ve compañerita, vení para ver cómo poder hacer escuelita.[.....] Entonces llegamos a la casa de esta campesina y allí discutimos con ella la posibilidad de hacer una escuela. Claro que en un primer momento fueron unas escuelas hechas en las mismas chocitas de ellos, a la entradita. Por bancas no tenían más que ladrillos. [.....] Entonces Dolores [Cacuango] fue la primera que comenzó con edificio propio para la escuela. Era una chocita que ya se caía materialmente”, por lo que Dolores Cacuango obtuvo del administrador de las haciendas la autorización para levantar una casa para la escuela. Con la ayuda de la maestra levantaron los campesinos un galpón grande y con dinero prestado en el colegio donde trabajaba, Gómez de la Torre mandó hacer bancas desarmables, para de este modo eludir el acoso de los hacendados de la zona, contrarios a la educación de los indios. “Yo les enseñé a armar y desarmar”, afirma la maestra. “Venía la racha, el acosamiento, entonces ellos desarmaban y estaba un montón de palos y no había la escuela. Pasaba el movimiento este y otra vez ellos volvían a armar. Una cosa linda, una lucha pero así tenaz, tremenda. Pero se impuso y no pudieron cerrar las escuelas”. El proyecto, con la ayuda de los sindicatos, en tres años, se amplió a cinco escuelas. María Luisa Gómez de la Torre no fue galardonada con el premio Espejo, quizás alguna escuela lleve su nombre. Finaliza la entrevista con esta confesión: “El indio con el tiempo, puede entender el problema de lo que es el Socialismo y lo que es el Comunismo, pero por el momento lo que tienes que entender es que él tiene que luchar para que tenga mejor salario, tenga escuelas, tenga centros de salud”.

Ciudad Quito

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