Por Luis Villacrés Smith
Hasta el último, dio guerra a sus médicos que le prohibían fumar. León Febres Cordero Ribadeneyra, a sus 77 años de edad, murió en su querida ciudad. Nunca fui seguidor cercano, lo critiqué públicamente cuando el tema ameritó; sin embargo, esa independencia tampoco me impide reconocerle sus aciertos y grandes virtudes cívicas.
El Ecuador pierde una de sus grandes figuras de los últimos tiempos, sobre todo un líder en toda la extensión y significado de esa palabra. Febres Cordero se distinguió siempre, en la universidad, en sus actividades profesionales y gremiales, luego en su carrera política. Sus estudios, los realizó en el colegio salesiano Cristóbal Colón de Guayaquil; luego en el Charlotte Hall Military Academy de Maryland y en el Stevens Institute of Technology de Hoboken, ubicado frente a Nueva York.
Durante su trayectoria profesional, trabajó como ingeniero mecánico en las Compañías de Cervezas Nacionales y Empresa Eléctrica, más tarde gerente de Industrial Molinera, presidente ejecutivo de Cartonera Ecuatoriana y Papelera Nacional. Dirigió por varios años la Cámara de Industrias, Diputado en la Asamblea de 1967 y Senador Funcional en el Congreso de 1968, luego representante en el Congreso de 1979-1984, año en el que fue elegido presidente de la República. Años más tarde, no tuvo reparos para servir a su ciudad durante dos períodos consecutivos, como su alcalde hasta el año 2000.
Fue apasionado, duro en la lucha política, admiró y compartió experiencias con varias figuras relevantes de la época velasquista. Era un hombre de objetivos, no descansaba hasta obtenerlos. En 1984 dio muestras de gran determinación y esfuerzo personal, al derrotar al vencedor de la primera vuelta y favorito en esa elección. Uno de los primeros líderes de la nueva derecha latinoamericana, elegido democráticamente, que impulsó reformas de libre mercado, la descentralización y el fortalecimiento de las autonomías seccionales. Su Gobierno permitió al país recuperarse y progresar, gobernó con responsabilidad, salvo al final de su período, que por su rivalidad permanente con Borja, puso en peligro la estabilidad económica del país.
De sus aciertos y sus errores, se ha dicho mucho. Los hechos están registrados en la historia, en la conciencia nacional. De su lucha contra el terrorismo, muchos reconocen que salvó al Ecuador; mientras otros, insisten en condenarlo por no haberles dado tregua. Gobernó el Ecuador en difíciles y adversas circunstancias, demostró siempre sus dotes de buen administrador, mucho más cuando fue alcalde de su ciudad, a la que rescató del caos, la corrupción y la desorganización. Un grave error, haber privado a su partido de continuidad, de verdaderos líderes, que hubieran podido mantener y prolongar su lucha, defendiendo las ideas que él representó.
Guayaquil lo despidió con gratitud, nunca lo olvidará, será siempre un ilustre y predilecto hijo de esta ciudad. Que Dios le perdone, lo que sus enemigos no. Paz en su tumba.
villacresl@hoy.com.ec
Hora GMT: 18/Diciembre/2008 - 05:05
