Una caricatura es un dibujo satírico en el que se deforman las facciones o el aspecto de alguien. Por extensión se considera que en una obra de arte se caricaturiza a un sujeto cuando, a través de un personaje que lo representa, se exageran, igual que en el dibujo, sus facetas histriónicas, para ridiculizarlo, o sus rasgos de dureza, para sugerir crueldad e inclemencia. Eso se ha hecho con la imagen histórica de Gabriel García Moreno en la adaptación cinematográfica de la novela de Alicia Yánez Cossío que lleva por título Sé que vienen a matarme.
García Moreno es un personaje controvertido de la historia ecuatoriana, pero al que ni sus más enconados enemigos (entre ellos Juan Montalvo), se han atrevido a negarle grandeza. Fue un obsesionado por culturizar al Ecuador y por imponer el orden y el respeto a la autoridad. En su afán obsesivo por hacer realidad sus ideales, tuvo excesos de autoritarismo que lo llevaron a actuar como tirano y con crueldad, como también, en su momento, lo hicieron Rocafuerte y Alfaro.
Lamentablemente, para García, aquellos tuvieron mejor suerte que él con los historiadores, algunos de los cuales han llegado hasta a ensalzar a los autores de su horrendo asesinato.
No funjo de crítico literario ni cinematográfico, pero me siento libre para opinar que, aunque el libro de Alicia Yánez es una fiel expresión de la notable calidad literaria de su autora, tiene una gran carga ideológica que indujo a la señora Yánez a escribir su obra con un claro sesgo de malquerencia contra el personaje. Esto no obstante, la novela es mucho mejor que la adaptación cinematográfica; en esta, todo, desde el guión hasta la caracterización de García Moreno, están dirigidos a presentar la imagen de un individuo execrable, malvado y lujurioso, al que solo se reconoce su gran inteligencia y su férrea disciplina para el estudio.
Probablemente, lo que explique estas conclusiones sobre la comentada escenificación sea el hecho de que la obra en que se basa no es una biografía, sino una novela, en la que es normal que se introduzcan elementos de ficción, por lo que convendría tener presente el comentario de Humberto Eco en su libro A paso de cangrejo acerca de otra muy difundida obra sobre un más trascendente tema histórico, cuando expresa: Entendámonos. El Código Da Vinci es una novela, y como tal tiene derecho a inventar lo que quiera....
Certero comentario. Pero el triste colofón de estas reflexiones es que en el Ecuador la juventud ya no lee; solo ve televisión, y se corre el riesgo de que la única verdad que en el futuro conozca sobre sus personajes históricos sea la que nazca de la imaginación de sus novelistas.
Hora GMT: 15/Agosto/2007 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Enrique Valle Andrade
