Por César Ricaurte


Crítico de TV

Poco tiempo después de que Gamavisión pasó a manos del Estado por la incautación de los bienes del Grupo Isaías por la AGD, cambió su identidad a Gama TV. Era una modernización de nombre e imagen que trataba de darnos una idea de normalidad; de que, pese a la situación jurídica, se mantenían los planes y más que nada las líneas de trabajo del canal. Esto último se volvería una realidad de unos alcances que nunca imaginaríamos.

En los viejos tiempos (apenas es un año pero parece que ha pasado una eternidad), TC Televisión y Gama TV eran canales que fueron utilizados por sus dueños, banqueros prófugos en Miami, para emprender campañas de ataque en contra de todo aquel a quien consideraban enemigo o simplemente crítico frente a sus prácticas.

Cierto es que la punta de lanza fue TC. Pero, en varias ocasiones, Gamavisión cumplió un rol igualmente agresivo. Hace poco, Gama TV renovó sus noticieros y con absoluta indignación y tristeza constatamos que nada ha cambiado. Antes el canal fue utilizado por unos banqueros prófugos y ahora por unos oficiosos servidores del poder.

Se trata de una oportunidad perdida. Se está echando al trasto el concepto de medio estatal y medio público para quedarnos en la versión más patética de medio gobiernista. Conducido por dos reporteros de vieja data, Robinson Robles y Carlos Ochoa, el Noticiero Nacional es un compendio de notas en contra de los medios privados y un intento de "popularizar" la agenda, que se traduce en una estética casposa cuyo mejor ejemplo es la frase del reportero aquel que proclama: ya dejemos esta vaina de la leva y pongámonos el poncho.

Están las notas en contra de El Universo o la difusión de un video fabricado para desprestigiar a la directora de El Comercio que circulaba por Youtube.

¿Información veraz y verificada? ¿Contrastada? ¿Rigurosa? Lo peor es que todo esto se acompaña de proclamas en contra de la "desinformación". ¿Quién nos libra de estos desinformadores que supuestamente luchan contra la "desinformación"?

Experiencias de este tipo desprestigian del todo el concepto de medio público. Es decir, de medio que debiera tener un fin social de servicio a los ciudadanos bajo criterios de independencia, libertad editorial, pluralidad y participación.