Emilio Godoy *
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MÉXICO. Escasez de agua, desarrollo hotelero, sobreexplotación pesquera y el riesgo de actividades mineras son los principales problemas ambientales de la región de Los Cabos, sede de la cumbre del Grupo de los 20 (G-20) países ricos y emergentes.
La cumbre del G-20, que se celebró en Los Cabos, con una agenda de desarrollo sustentable y lucha contra el cambio climático, fue en el Centro Internacional de Convenciones, el último grito de la arquitectura sostenible.
En sus 66 mil metros cuadrados, tiene 2 700 metros cuadrados de muros verdes, una capacidad de tratamiento de agua de 2,6 litros por segundo, más de 1 000 paneles solares para proporcionar electricidad e instalaciones para captar lluvias. Un oasis artificial en medio de una zona que escenifica un cúmulo de malas prácticas.
La ciudad de San José del Cabo, cabecera del municipio, y Cabo San Lucas son los principales lugares y dependen del turismo, sobre todo extranjero. Están conectados por un corredor de 33 kilómetros poblado de hoteles majestuosos, con una elevada factura ambiental.
"El principal problema es la escasez de agua. Por ser una zona árida es el recurso más limitado. Hay sobreexplotación de acuíferos y los nuevos desarrollos hoteleros pueden afectar la disponibilidad", dijo a Tierramérica el activista Ernesto Vázquez, de la no gubernamental Sociedad de Historia Natural Niparajá.
Esa organización, fundada en 1990, trabaja en pos de la conservación de los recursos naturales en el estado de Baja California Sur.
De naturaleza desértica, Los Cabos tiene una precipitación anual de 270 milímetros. En su territorio se encuentra la Reserva de la Biósfera Sierra La Laguna, el Parque Nacional Marino Cabo Pulmo, la Reserva Ecológica Estatal Estero de San José del Cabo y la Zona de Refugio Submarino de Flora y Fauna. Todas albergan especies sujetas a protección especial, amenazadas y en peligro de extinción.
"Los Cabos tiene bastante tiempo con problemas por cuestiones turísticas y de un crecimiento de la población sin un ordenamiento urbano. La mancha urbana se ha ido comiendo zonas que tenían importancia ambiental", indicó a Tierramérica el especialista Isaí Domínguez, de la Dirección de Comunicación Científica de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio). "Era una zona de bastante riqueza ecológica. Lo que queda es muy poco", sentenció.
Desde 2009 está pendiente un proyecto de explotación aurífera a cielo abierto que pasó de llamarse Paredones Amarillos a Concordia, de la empresa La Pitalla. La comunidad lo rechaza y está pendiente la aprobación de su estudio de impacto ambiental. Propiedad de la estadounidense Vista Gold Corp., esta actividad minera afectaría la Reserva de la Biosfera Sierra La Laguna, creada en 1994 y que mezcla bosque de pino y encino y territorio selvático. "Es una zona pesquera importante y los químicos usados para separar los metales generan residuos que perjudican la actividad", indicó Domínguez. (IPS)
Ciudad Quito
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