|    Pico y placa Quito:  9-0    |  

Fue una oreja, debieron ser más

Publicado el 06/Diciembre/2009 | 00:13

El novillero español Fernando Tendero fue cogido por el primero de su lote cuando intentaba matar al ejemplar que abrió plaza



La tarde del 5 de diciembre es sin duda muy especial; la atmósfera que envuelve a los tendidos de la plaza de toros sintetiza y expresa el ánimo de en cada uno de los aficionados cargado de fervor por festejar a su tierra y por disfrutar del espectáculo taurino que agota sus últimas funciones del año.

El talante de la multitud se expresa con gran facilidad en la energía con que aúpa cuanto suceda en el ruedo. La idea es manifestar su pasión por su ciudad y por los toros; no en vano, la Feria de Quito celebró ayer medio siglo de vigencia gracias –precisamente- a la inigualable forma en que los quiteños viven y sienten la fiesta.

En este contexto se llevó a cabo el octavo festejo del abono en el que salieron a escena el rejoneador Álvaro Montes y los novilleros Fernando Tendero y Juan Francisco Almeida.

La herida que sufrió el joven español Tendero determinó el irregular curso de la novillada que se cumplió con un austero saldo artístico. Es que el percance del joven torero español y su imposibilidad de continuar en el ruedo dieron lugar a que se altere el orden de la lidia y a que su compañero de cartel, el compatriota Almeida, deba estoquear tres astados, excesiva responsabilidad para el inexperto coleta; en tanto, el jinete Montes rozó un triunfo, finalmente esquivo por sus desaciertos a la hora de manejar el rejón de muerte luego de dos entonadas faenas.

Con los vaivenes descritos, en tarde muy calurosa y con los tendidos de la plaza prácticamente llenos, se lidiaron cuatro novillos de Concepción y dos de Trinidad de variopinto pelaje y diferentes condiciones. Sobresalió por las características de su lidia el segundo de la novillada que acometió una y otra vez a los engaños por lo que fue premiado con una vuelta al ruedo.

El hispano Tendero fue cogido de mala manera cuando intentaba matar a su primero; fue enganchado por la pierna izquierda recibiendo una cornada en la parte superior interna del muslo. Una lástima que el bisoño diestro haya derramado su sangre en la arena tras una pundonorosa faena en la que aprovechó –en especial por el pitón derecho- las contadas y cortas embestidas de su oponente.

Con la baja de Tendero el peso de la tarde recayó en Almeida, el que se mostró mejor dispuesto en el corrido en segundo lugar al que lanceó de capote con vistosidad e intento lucirse con la muleta; y pese a que a su faena le faltó estructura, instrumentó muletazos de mérito, siempre por debajo de las buenas prestaciones del novillo. Luego de un pinchazo cobró tres cuartos de estocada y cortó una oreja.

En los otros dos astados que debió enfrentar anduvo a la deriva, ya sea por las complejidades que ofrecieron las reses, la molestia del viento y su falta de preparación. En el cuarto escuchó un aviso y palmas en el que cerró la tarde.

El caballista Álvaro Montes hechó a perder una interesante labor en el tercero de la novillada, faena de correcta base técnica en la que escogió con propiedad los terrenos próximos a la querencia para prender banderillas largas montando a Coquito y cortas con el caballo Manzanares; tres pinchazos epilogaron su trabajo. En el quinto se multiplicaron las cabriolas y las piruetas previas y posteriores a la ejecución de las suertes; nuevamente mató mal y apenas dio una vuelta al ruedo.

La tarde nos hizo recordar la posibilidad de tragedia

Por Esteban Ortiz


Columnista invitado

Ayer, Fernando Tendero sufrió una cornada en su primer toro, lo que nos hizo recordar la posibilidad de la tragedia en la fiesta taurina, que se reivindica con la propia sangre de un torero, un ser humano que vence el instinto, aunque no siempre lo logra.

Todas las sangres son rojas, todas salpican… pero no todas son iguales. Hay cosas que son incomprensibles y demuestran la grandeza del toreo. Por ejemplo, Luis Francisco Esplá nos devuelve a la realidad cuando, luego de una cornada en Céret que casi le cuesta la vida, dice: "Esto entra en el sueldo".

Por eso, conmueve y asombra la espera del ser humano que se juega la vida por voluntad propia: las cornadas, los golpes, las lesiones provocadas por los toros son parte del ser torero. Son los gajes del oficio: la posibilidad de derramar sangre viene con la profesión. El torero lo sabe… lo debe tener asumido. Punto. Es la única forma de serlo. Si no lo entiende así, debe cambiarse de profesión: podría ser abogado o dedicarse a escribir notas para los periódicos.

Jugar con el riesgo cada tarde para crear arte venciendo el miedo y el instinto, aunque no guste la forma particular de interpretar el toreo -pero, qué importa, ¿acaso el gusto no es algo subjetivo?-, tiene mucho mérito.

Por eso, el torero es un héroe que dignifica su vida con la posibilidad de su propia muerte.

Al ecuatoriano Juan Francisco Almeida le quedó grande el compromiso. Fue una papeleta demasiado exigente para un novillero al que se le vio sin oficio.

La novillada de Trinidad fue buena. Sobre todo el segundo, un toro con muchísima calidad que fue premiado con la vuelta al ruedo.

La particularidad fue que salieron cuatro jaboneros; esto para aquellos que gustan de las estadísticas. Sin embargo, su buen comportamiento pudo haber hecho que el resultado del festejo fuera otro, si los actuantes hubieran estado a la altura de las circunstancias.

Otra vez será.

Más datos



  • Hoy concluye la Feria de Quito Jesús del Gran Poder con un cartel de matadores por demás interesante.

  • Realizará el paseíllo esta tarde en la monumental de Toros Quito el diestro español Julián López El Juli.

  • Acompañarán a la figura ibérica el ecuatoriano Guillermo Albán y el espada azteca Joselito Adame.


Ver también:

Especial de Fiestas de Quito 2009

Hora GMT: 06/Diciembre/2009 - 05:13

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Tags : Fiestas  Toros 



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