Por Diego Oquendo
doquendo@hoy.com.ec
1 Con el inicio de un nuevo año es tradicional que nos propongamos alguna reflexión bajo el sano propósito de trazar dizque la ruta por la que deberemos transitar los próximos doce meses. ¡Vaya pretensión! A la hora de la hora caemos en la cuenta de que nuestra vida tiene referencias irresistibles y que los días anunciados serán vividos de idéntica manera. Habrá uno que otro cambio, es obvio, pero nuestra cotidianidad está ya marcada.
2 Yo, por ejemplo, seguiré escribiendo esta breve columna el lunes de cada semana y (no hay remedio a la vista) hablaré por dos horas, a partir de las siete de la mañana, ante los micrófonos de Radio Visión. Escribiré bajo la misma inspiración de siempre y hablaré, a veces con desenfado, procurando ser fiel a los dictados de mi conciencia. Es decir, volveré por un recorrido que conozco de memoria. Además, con el transcurso del tiempo, nos resistimos a romper la rutina. (Lo expresado no significa que caigamos en el aburrimiento y, peor todavía, que asumamos el papel de aburridos).
3 La familia, lógicamente, es capítulo central de esta suerte de novela que es la existencia. Después de todo constituye lo único seguro, el mayor aval con el que podemos contar el rato que metemos la pata o el destino nos juega una mala pasada. Cuando menciono a "la familia" repito, íntimamente, los nombres de mis hijos, de mis hijas: Diego, Sebastián, Christian, Michelle, Nicole y Danielle. Imperfectos como son, falibles, caedizos, mortales, pero también sensibles y talentosos y creativos se alinean conmigo en las buenas y en las malas. Frente a los miembros del clan, la norma de conducta ha sido establecida. No hay variantes posibles. La Ley es la Ley.
4 Desde luego, una imagen, un recuerdo, una presencia resplandece con su propia luz: Aída. Su sola mención explica más de un milagro
Su sentido del sacrificio personal, su capacidad de renunciamiento, su generosidad para entender y perdonar iluminaron muchas horas oscuras. Sin ella pudo producirse el naufragio, pudimos hundirnos. Cómo olvidar que solía multiplicar los panes y los peces cuando no había una tahona cerca y el mar no se divisaba en el horizonte.
5 Consciente de que las estaciones no descuelgan sus soles y lluvias gratuitamente, estoy escribiendo un libro titulado El lugar de dónde vengo. Algo así como una confesión de vida, en modo alguno una exaltación de carácter personal. Es bueno dejar un testimonio de lo que ha significado la lucha diaria desde los inicios. Entonces se verá que hubo muchos tropiezos, pero igualmente consolidaciones. En suma, la lección casera que fuimos aprendiendo paulatinamente.
6Y todo este ejercicio ternísimo para darles un abrazo a la distancia y decirles que sus vidas una trama irrepetible- discurre por vías perfectamente reconocibles. ¡Un feliz año 2010!
Hora GMT: 04/Enero/2010 - 05:03
