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Franqueza y humildad

Publicado el 22/Marzo/2009 | 00:10

Por Jaime Acosta Espinosa


jjacosta@hoy.com.ec

La paz entre cristianos y judíos se sintió turbada, y muchos católicos no disimularon su enfado a causa del levantamiento de la excomunión a los cuatro obispos consagrados ilegítimamente por monseñor Lefebvre, en 1988. Con este motivo, el propio Papa envió una carta, el 12 de marzo, a los obispos de todo el mundo, en la que explica los hechos y las motivaciones de este caso, esperando "contribuir a la paz en la Iglesia".

Carta sorpresiva, clarificadora, lamentosa y única entre los documentos que llevan la firma de un pontífice. Ella contiene una declaración implorante de comprensión, en términos francos y humildes. Ante todo, Benedicto XVI deplora que su gesto de reconciliación haya "suscitado por múltiples razones, dentro y fuera de la Iglesia católica, una discusión de una vehemencia como no se había visto desde hace mucho tiempo".

Mientras muchos obispos "se han sentido perplejos ante un acontecimiento sucedido inesperadamente y difícil de encuadrar positivamente en las cuestiones y tareas de la Iglesia de hoy", otros "acusaban abiertamente al Papa de querer volver atrás, hasta antes del Concilio". El Papa se duele ante "una avalancha de protestas, cuya amargura mostraba heridas que se remontaban más allá de este momento". Falible como cualquier otro, el Papa admite "errores de comunicación". Reconoce que el caso del obispo Williamson, negado empedernido del Holocausto, le ha supuesto "una contrariedad para mí imprevisible". Lo que él llama como un "gesto discreto de misericordia" hacia aquellos obispos excomulgados "apareció de manera inesperada como algo totalmente diverso: como la negación de la reconciliación entre cristianos y judíos y, por tanto, como la revocación de lo que en esta materia el Concilio había aclarado para el camino de la Iglesia".

Un pontífice que se reconoce a tono con su tiempo acepta que "seguir con atención las noticias disponibles a través de Internet" le habría dado la posibilidad de "conocer tempestivamente el problema" de Williamson, algo de lo que el Papa ha "sacado lección" para el futuro. Además, se siente hondamente entristecido por la reacción de muchos católicos "que, en el fondo, habrían podido saber mejor cómo están las cosas, y habrían pensado herirme con una hostilidad dispuesta al ataque". "Justamente por esto, doy gracias a los amigos judíos que han ayudado a deshacer rápidamente el malentendido y a restablecer la atmósfera de amistad y confianza que, como en el tiempo del papa Juan Pablo II, también ha habido durante todo el período de mi Pontificado y, gracias a Dios, sigue habiendo", añade.

Por último, el Papa asume y "lamenta sinceramente" otro de los fallos en este caso, porque "el alcance y los límites de la iniciativa del 21 de enero de 2009 no se hayan ilustrado de modo suficientemente claro en el momento de su publicación".

¿Merece, entonces, esos calificativos destemplados, burlescos y encrespados, de los propios y de los ajenos, un Papa que confiesa lisa y llanamente ante sus hermanos todo lo sucedido?

Hora GMT: 22/Marzo/2009 - 05:10

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