Por Simón Espinosa Cordero
El cáncer de Fernando Domínguez fue cremado ayer al mediodía, y con el cáncer fue cremado también el amigo y el hombre, el psiquiatra y el hombre, el compasivo y el hombre, el maestro y el hombre, el filósofo y el hombre, el padre y el hombre, el esposo y el hombre. El hombre y sus dos cenizas. Cenizas tiernas. Cenizas amargas.
Solía despertar a sus amigos con una telefoneada entre seis y siete de la mañana. "Ánimo, amigo mío, la vida es bella. El sol está espléndido. Viva este día intensamente que nos espera la indignidad de la muerte". No importaba si la mañana estuviera empapada, la ciudad envuelta en la niebla, el aire seco, la política insoportable. Bromeábamos en la Sociedad Ecuatoriana de Bioética, de la cual fue cofundador, sobre esta manía de Fernando. "Ya me llamó esta mañana" decía alguien "y me arruinó el domingo", mientras lo veíamos venir pequeño y dulce, mientras nos envolvía con una mirada de miel amarga.
Solía visitar a sus padres ancianos en el pueblo de San Juan al pie del Chimborazo. Y de regreso asomaba con una bolsa de pan de horno de leña, unas tortillas de maíz, su maletín médico y su toma de la presión arterial a los amigos para pedirles que se cuidaran de esa insidiosa enemiga.
No, no era un peso pluma que redujera todo a un pensar positivo que solo a fuerza de voluntad se pueda cambiar el mundo. No. Había demasiado seso debajo de esas cenizas, demasiada disciplina debajo de la curiosidad de saber de esas cenizas, demasiado conocimiento de la maldad humana, demasiadas lecturas peligrosas. "¡Qué raza!", solía repetir cuando venía de la cárcel de entrevistar a un asesino, a un drogadicto extranjero olvidado de todos. La entrevista se prolongaba por horas. "¿Qué puedo hacer?", decía de esas visitas agotadoras, "sino sentarme allí en el suelo al lado, a acompañarle, necesita un poco de ternura y de calor humano".
Empezó como cirujano del cerebro en Guayaquil a ganar dinero y a perder humanidad. Y optó por la psiquiatría, pues el espíritu era el enfermo: enfermo de máquina mecánica, enfermo de cerebro complejo, enfermo de evolución desde el reptil y la fiera. Para servir mejor a sus alumnos de la Central y la Católica se graduó hace un año y medio, a los 54 de edad, en la Maestría de Docencia Universitaria con una tesis sobre "pedagogía de la ternura". Ante el desencanto de una sociedad frustrada, dominada por el miedo y el fatalismo, sin más horizontes que la gris monotonía de la ignorancia y una vida interior primitiva, quiso indagar sobre la función de la ternura en la formación de la persona.
Solía leer a Nietzsche y nunca devolvía los libros sobre ese filósofo lírico y poderoso. Solía leer a San Agustín y a Pascal, a Séneca, el dramaturgo, y, apasionadamente, a Camus. El dolor humano, animal, vegetal, de la naturaleza le hacía oscilar entre el escepticismo y el ateísmo, pero creía firmemente en el diablo como explicación de la maldad acumulada en este mundo. No sin misterio murió a las tres de la mañana de un martes 13 de enero mientras en Gaza eran reducidos a cenizas mujeres y niños de mirada de miel y ojos amargos. Fue un encuentro de cenizas disipadas por el viento.
simeco@hoy.com.ec
Hora GMT: 15/Enero/2009 - 05:08














15/Enero/2009 a las 10:47
Si hay algo en la vida que lamento es haberlo conocido ya muy tarde y que la vida nos deje sin una gran persona como lo fue el Dr. Fernando Dominguez, el único consuelo que tengo es la seguridad de que siempre, siempre estará presente en nuestros corazones y que él ahora mismo se encontrará en ese "mundo justo" con el que entiendo anhelaba.
15/Enero/2009 a las 11:29
Si hay algo en la vida que lamento es haberlo conocido ya muy tarde y que la vida nos deje sin una gran persona como lo fue el Dr. Fernando Dominguez, el único consuelo que tengo es la seguridad de que siempre, siempre estará presente en nuestros corazones y que él ahora mismo se encontrará en ese "mundo justo" con el que entiendo anhelaba.
16/Enero/2009 a las 10:49
Apasionado al hablar y de pronunciacion exagerada, recuerdo que miraba con compasion y ternura los infantiles comportamientos de nuestra adolescencia tardia.. mientras hacia notar con silencio su inconformidad. Fui uno de los que tuvo la suerte de tenerlo nuestro maestro en los modulos de madre y ninio de la carrera de Medicina de la PUCE. Le agradezco su legado y ensenanzas y les deseo mi mas sentido pesame a sus familiares y amigos cercanos.
20/Enero/2009 a las 23:33
Fui alumna del Dr. Fernando Domínguez este semestre que acabo en la PUCE. No tengo nada más que decir que, además de ser un gran profesor, fue un gran amigo. Siempre estuvo para nosotros, siempre supo que decirnos en los momentos en los que parecíamos perdidos. Todas las enseñanzas de sus clases, desde las más básicas hasta las más complejas, toda la entrega que ponía en cada una de ellas, así como el cariño, sus chistes y comentarios, sus consejos y todo lo que nos hizo conocer quedarán en nuestra memoria. Y trataremos de ser mejores seres humanos, para sólo así poder ser mejores médicos, como él lo quería.
29/Enero/2009 a las 11:11
Su sonrisa llena de alegría, esas palabras sabias colmadas de gran respeto, educación y franqueza fueron el reflejo de ese gran hombre que tuve el honor de conocer en mi Riobamba natal.
Cuanta tristeza ahonda en mi pensamiento por su partida Sr. Dr. Fernando Domínguez y le pido a Dios que le tenga en la gloria.
Jaime Hidalgo.
Valencia-España
10/Febrero/2009 a las 19:11
Es tan duro saber que una persona a la cual admiro tanto se haya ido,el motivó mi interes por la medicina en esas aulas de la Católica, me inculcó el amor a la profesión, la dedicación, la entrega a lo que uno hace, siempre su sabiduría fue incentivo para mis estudios, gracias por todo lo que fue, por esa sonrisa de cariño a los que tuvimos el honor de ser sus estudiantes
10/Febrero/2009 a las 19:12
Es tan duro saber que una persona a la cual admiro tanto se haya ido,el motivó mi interes por la medicina en esas aulas de la Católica, me inculcó el amor a la profesión, la dedicación, la entrega a lo que uno hace, siempre su sabiduría fue incentivo para mis estudios, gracias por todo lo que fue, por esa sonrisa de cariño a los que tuvimos el honor de ser sus estudiantes