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Felonía

Publicado el 05/Febrero/2010 | 00:18

Por Juan Falconi Puig
jfp@hoy.com.ec

Dijo el escritor uruguayo Carlos Vaz Ferreira, en su obra Moral para intelectuales, que "si se admitiese que ciertas profesiones como la abogacía o la política tienen una moralidad intrínseca, solo sería la parte mala de algo bueno o necesario". Por su parte, en la apología de Sócrates que hizo Platón cuando aquel era juzgado por las autoridades atenienses, se lee: "Sencillo, como cuadra a la verdad y sus años, será su discurso"… "Aunque de verdad al menos, nada por decirlo así, han dicho". Imposible tarea, pues, para algunos abogados, decidir entre la verdad o la remuneración.

El engañar al juez puede llevar al fraude y aún la estafa procesal, pues el juez, que es un ser humano que se supone -y cada vez es más frecuente la mera suposición- se ha preparado en la ciencia del Derecho para usar la Ley como herramienta para hacer o impartir justicia. Si esto es así, que lo es, no sería imposible que yerre y precisamente previniendo este evento es que la Ley ha establecido los recursos para que otros jueces, generalmente un tribunal de mayor grado, jerarquía, conocimiento y experiencia, puedan fiscalizar y corregir las decisiones de los juzgadores de primera instancia.

Así, en la estructura del proceso, de todo proceso, hay etapas y decisiones de los órganos de última y definitiva instancia que obviamente pasan a tener categoría de firmes porque no hay más recursos. Esto es lo que se conoce desde Roma como res judicata (cosa juzgada), juicio dado y, por ende, terminado porque lo contrario sería tornar los juicios en interminables, al punto de convertirse en soluciones inútiles para los particulares y para el Estado, que provee el servicio público de justicia.

Así las cosas, siguiendo al gran maestro Couture, recordemos que en el proceso el abogado debe ser leal "para con el cliente, al cual no debe abandonar hasta que comprenda que es indigno de él. Leal para con el adversario, aún cuando él sea desleal. Leal para con el juez, que ignora los hechos y debe confiar en lo que le dice y que, en cuanto al derecho, una que otra vez, debe confiar en el que se le invoca".

Pero ocurre que, hoy más que antes, en todas partes, hay abogados que han confundido su verdadero rol y su posición en la comunidad, porque han convertido el ejercicio de la noble profesión, aunque con frecuencia ingrata, en un inmoral mercantilismo encaminado a obtener decisiones favorables a cualquier precio, sin que importen los principios del Derecho, menos la cosa juzgada ni la lealtad procesal. Mas, cuando el juez no es engañado y, lejos de ello, se convierte en parte de una inmoral transacción, ya por falta de experiencia, de conocimiento y sobre todo de principios, ya por falta de moral y entereza para ceder a cualquier tentación, pasan a ser todos autores de la más vil felonía, esto es, deslealtad y traición para esos principios que informan el ejercicio de la abogacía y los más altos intereses de la justicia.

Hora GMT: 05/Febrero/2010 - 05:18

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Comentarios

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  1. 1 Luis Portalanza desde - Playas

    El "inmoral mercantilismo" que advierte, el preclaro columnista, es signo de los tiempos actuales o siempre ha sido, es y será, el sino del ejercicio de esta profesión noble, por cierto e ingrata también?

    Acaso con brutal franqueza ya M. Dostoyeski no lo dejó muy claro cuando llamaba a los abogados conciencias de alquiler?

    Es que lamentablemente y como prueba de la imperfección humana, uno puede ser el discurso deontológico en el cual todos estamos de acuerdo, pero otro diferente puede ser y de hecho lo es, la práctiva viva del ejercicio profesional, en especial cuando vemos que el escenario es un "circo romano"? Puede sobrevivir la ética profesional al mercantilismo inmoral de la realidad?

    No vemos a diario, a las mentes más lúcidas del foro nacional, hoy defendiendo una tesis y mañana, pues, la opuesta, si tomaron la defensa de un cliente, civil, penal, tributario, administrativo, etc. etc., que necesita probar que el día en verdad era noche? Tienen derecho los malos, criminales todos, a la defensa de los buenos de los mejores letrados del medio?

    Si tienen derecho a esa defensa, digámolos. Sino la tienen también digamolo.

    La practica profesional del abogado se parece?¿ y mucho a la del charlatán sofista del mismo tiempo que Ud. Juan cita, en el de Sócrates y Platón, que a base de bien estructurados silogismos y dialectica, defendian hoy una tesis y con los contrarios mañana, la contraria. Se llamaban a si mismos shofos, sabios

    EL asunto y lo dificil, antes, hoy y siempre, cómo conciliar la buena conciencia, los principios morales no negociables con la necesidad de una defensa en juicio. Talvez en este espinoso campo no seamos los abogados los mejor llamados para ser ejemplos, ni paradigmas de conducta como quería Kant: podría ser nuestra conducta profesional norma de comportamiento universal?

    Complejo este caso de "imperativo categórico moral"? Sin duda.

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