Ha iniciado un nuevo día y, tras pasar solamente dos horas de haber ingresado a la oficina, ya ha cometido un error y lo único que espera es una amonestación; la ansiedad invade su mente y no logra continuar con las labores pendientes tranquilamente. ¿Quizás le suena familiar?
El castigo o el retar son hábitos asimilados desde la niñez, los mismos que se incrementan según el desarrollo de los individuos, y mucho más al ser responsables de varias funciones.
Algo que me ha parecido interesante desde la primera vez que escuché el término feedback (retroalimentación) es el fin del mismo, ya que a través de este se contribuye a mejorar el accionar de alguien si realizó algo de forma incorrecta, o para mejorarlo y perfeccionarlo.
Todos deberíamos sentirnos interesados por recibir un feedback de alguien que desea nuestra mejora. La contraparte es la actitud de las personas, como lo leí en un articulo, las personas latinas no tienen una buena aceptación de un feedback puesto que lo miran como una crítica.
Para evitar que nuestro receptor piense del feedback una crítica, es importante prepararse antes de comunicarlo a la persona. La preparación debe incluir el momento oportuno, las palabras precisas y la forma de decirlo.
Un buen líder da feedback a sus colaboradores todo el tiempo, ya que así va formando el carácter y el profesionalismo de los mismos; tenga en cuenta, no solamente se lo brinda al haber cometido un error sino también para mejorar algo.
Hora GMT: 25/Febrero/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito
