Opinión de Diario HOY
No existen eficaces políticas de prevención para afrontar los fenómenos naturales con recurrencia cíclica, ni eventuales desastres en zonas de riesgo. Los últimos meses, todo el país sufrió la consecuencia de la imprevisión en el mantenimiento y la renovación de las unidades termoeléctricas que debían operar para suplir el funcionamiento reducido de la central hidroeléctrica de Paute afectada por el estiaje.
Ahora, la Costa empieza a sufrir los embates de las lluvias, con desbordamientos de ríos e inundaciones, como los que se produjeron en la provincia del Guayas, en Balao y Puerto Inca, en Naranjal; y también en varias poblaciones de Los Ríos, Manabí y El Oro. Suman alrededor de 167 familias afectadas según la Subsecretaría de Gestión de Riesgos. A ello, se agregan los daños en las vías de comunicación, como el que se produjo ya en un sector de la carretera a La Troncal.
Otras conocidas secuelas de las lluvias e inundaciones son el recrudecimiento de males crónicos como el dengue, del que se han registrado ya 1 000 casos en estos días.
El miércoles pasado, un aluvión en el caserío de Chinchín, en Baños, Tungurahua, dejó, además de sembradíos destruidos y más de un centenar de personas sin vivienda, la pérdida irreparable de cuatro vidas humanas.
Si algo hay en común en hechos tan diversos como los del registro anterior es que revelan las debilidades de las políticas públicas de prevención para evitar o por lo menos reducir los efectos devastadores de fenómenos naturales que se producen de forma cíclica o en zonas que deberían constar en mapas de riesgos.
El país necesita desarrollar una cultura eficaz preventiva, y aplicar planes para educar a la población frente a riesgos que aparecen en forma recurrente.
Las nuevas instancias burocráticas para atender los riesgos se hallan aún lejos de resolver los vacíos y carencias de la Defensa Civil.
Hora GMT: 09/Febrero/2010 - 05:12
















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