|    Pico y placa Quito:  9-0    |  

Falsos dioses

Publicado el 25/Agosto/2007 | 00:00

Vivimos tiempos supersticiosos, poblados de falsos dioses, que tarde o temprano se deberían confrontar razonablemente con la verdad de Dios, cuya existencia y naturaleza es lo más fascinante que un ser humano puede vislumbrar. Porque, de lo contrario, se puede perder el tiempo explorando caminos que no conducen a nada y malgastar nuestra vida, que es irrepetible, en tinglados sectarios, absurdos o artificiosos, pero inútiles, pues no vale correr mucho para llegar a la meta, si lo hacemos fuera de la verdadera pista. Por eso, la Biblia dice: “Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor y no acude a los idólatras, que se extravían con engaños” (Salmo 40, 5). Igual que un medicamento sin principio activo no cura nada, así son los ídolos: “Son plata y oro hechura de manos humanas. Tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven, tienen orejas y no oyen” (Salmo 115, 4-5). Es decir, no sirven para nada. ¿Pero qué hacer cuando no sentimos a Dios? Hacer como si lo sintiéramos y cumplir sus mandamientos. Es el camino más corto para volver a encontrarlo y recuperar una fe que dejamos languidecer.

Pues “cuando alguien se aparta del verdadero Dios, poco a poco va poblando su vida de falsos dioses”. Lo podemos constatar en la vida de muchos contemporáneos que, mientras disienten abiertamente de las religiones “oficiales” y de la parafernalia de sus ritos, en cambio consienten en otros rituales, naturistas o esotéricos, con el pretexto de no sé qué paz puramente psíquica y supersticiosa en el fondo. Si, para Freud, el malestar mental consistía en la desazón del que no encontró el objeto adecuado para su libido, podremos entender ese gran malestar oculto bajo la piel de nuestros tiempos, justamente por no buscar a Dios, objeto fundamental de nuestras vidas, pues, como decía San Agustín: “Nos creaste, Señor, para Ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti”.

Sustituir a la religión por la superstición nunca será un buen negocio espiritual, pues acaba en la ruina, igual que aquel que ahorraba céntimos sin darse cuenta de que perdía dólares.

Sigue siendo verdad que “nunca es más grande un hombre que cuando está de rodillas ante Dios”, pues todo lo demás que puede adorar un ser humano es efímero y contingente. Así lo sintieron grandes espirituales del cristianismo. San Francisco de Borja se hizo jesuita, porque no quería “servir más a señor que muera” y fray Luis de Granada se hizo dominico, porque “prefirió la virtud a los vicios”, mientras que Santa Teresa reformaba el viejo Carmelo porque comprendía que “solo Dios basta”.

Es que Dios pone en el alma una alegría que nadie más puede poner allí y quien lo haya gustado una vez nunca más puede dejar de desearlo. Esto se lo pierden precisamente aquellos que dan la espalda a Dios y se centran en sí mismos y nunca llegan a nada, perdidos en el laberinto de su narcisismo. El libro del Deuteronomio (32, 5) ya constataba que “hijos degenerados se portaron mal con Él, generación malvada y pervertida. ¿Así le pagas al Señor, pueblo necio e insensato? ¿No es él tu padre y tu creador, el que te hizo y te constituyó?”. Si el que tiene un incendio en casa, tiene que llamar a los bomberos, entonces, para apagar nuestras dudas, busquemos dialogar a tiempo con quien sepa responder a nuestras preguntas y pueda quizá iluminar así nuestra fe, siempre necesitada de mayor explicación y entendimiento para comprender estos misterios conforme al adagio “tu fe sostendrá la mía”.

Hora GMT: 25/Agosto/2007 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito

Archivado en | Deportes 

Tags :



Actualizado por

1

hoyenlinea - en Diario HOY - Noticias de Ecuador.

Publicidad