Hay un nuevo sol sobre Quito. La noche del viernes ha dejado telarañas sucias en las esquinas
Por Juan Carlos Moya
jcmoya@hoy.com.ec
Un hombre echa a andar bajo la llovizna. Le propina una última calada a su pucho y lo tira a la alcantarilla. Lo veo desde el balcón del edificio. La noche acelera sus sombras y el hombre desaparece de mi vista. La luz roja del semáforo resplandece detrás de la fina cortina de agua. Luego viene el verde y los neumáticos de un jeep silban sobre el pavimento mojado.
¿Adónde van a parar los solitarios en esta ciudad?
He dejado encendido el equipo de música en la habitación. Suena "María Magdalena" de Sandra. Esta noche se parece a tantas noches pasadas donde la rutina aprieta sus cadenas. Para completar el cliché de película haría falta un bourbon doble y mis ojos hundidos en las lágrimas. Pero en este balcón no hay nada de eso. Tan solo la avenida y el frío terciopelo de la noche. A lo lejos, las luces de los edificios se mueven como diminutas señales de fuego.
¿Adónde van a ladrar los solitarios en esta ciudad?
La mezquindad de la noche se impone. El frío contrae los músculos de las damas y los caballeros no logran encender el fuego en esta inhóspita caverna llamada Quito. Imagino el bullicio y el caminar repetido de los trotamundos en la Plaza Foch (los más descarados y jóvenes la llaman Plaza Fuck). Imagino una "pata" de amigos encerrados en BMW girando hasta el amanecer por las manzanas como si persiguieran el fantasma de la lujuria. Suena, aquí en mi balcón, "Runaway" de Del Shannon. Ha parado de lloviznar.
Hoy es viernes y los solitarios se juntan y se pierden en las calles. Las mujeres han perfumado sus cuellos blancos y salen sin cédula de identidad a estacionarse en la barra de un pub. ¡Viva la alegría! Efímeros somos y efímeros son nuestros sentimientos. La niebla peina el neón de los bares.
La vida es lo que hacemos todos los días. Lo mismo. Esa rutina. Lo que hacemos hasta que llega la noche. No es lo que soñamos. No es lo que queremos ser. La vida es lo poco que hacemos. La vida es lo que ya hicimos ayer, aunque mañana sigamos soñando hacer otra cosa.
¿Adónde van a amar los solitarios?
La piel caliente tiene la suave melodía del apetito. La niebla recubre como látex a la luna gorda. El corazón es un cazador solitario, dijo la escritora norteamericana. Noche de viernes sin amor. Babilonia tiene sus fieles. Suena "Every 1"s A Winner" de Hot Chocolate.
Aquí, en la noche de la fiesta, vacilar no es dudar, vacilar es fugar. La vida se vive en un segundo. El mañana es vejez y cansancio. Los solitarios no callan, buscan, no pueden dormir, tienen culebras en las venas, siempre están en constante movimiento sobre puentes rotos.
Los solitarios luego del trabajo se calzan colmillos de Dráculas y montan caballos negros en busca de la nada. Cantan canciones hasta el amanecer, conocen esas camas que no tienen nombre ni apellido. Va llegando el amanecer hasta el balcón de mi habitación. Es sábado. Suena Baker Street de Gerry Rafferty. Hay un nuevo sol sobre Quito. La noche del viernes ha dejado telarañas sucias en las esquinas. Los solitarios fallecen cada noche de viernes en la ciudad. Aunque siempre faltará el amor para cada día de la semana.
Hora GMT: 11/Febrero/2009 - 05:06
