El Gobierno francés anima a los afectados a ir a los tribunales

Miles de mensajes confidenciales se expusieron al público debido a un cambio en la configuración de los perfiles. Las explicaciones de la red social no son convincentes.

Los mensajes que fueron subidos al Facebook como privados se convirtieron, de la noche a la mañana, en públicos. La alerta saltó este lunes en el Twitter: los testimonios de los afectados (la mayoría en países europeos, sobre todo en Francia) se multiplicaron tan rápidamente que el fenómeno adquirió pronto una dimensión masiva, al extremo de que el Gobierno francés se sintió obligado a intervenir. El escándalo de privacidad más grande de la historia de las redes sociales estaba servido.

La fuga de datos ocurrió de manera aleatoria y afecta a los mensajes anteriores a 2009. La causa aparente son los últimos cambios operados en los perfiles de Facebook, que implican un cambio en las reglas de juego para la información subida a la red bajo perfiles anteriores. Así, mensajes enviados para que sólo sus destinatarios los pudieran ver, aparecieron en el muro público del emisor y del receptor.

Esta semana, en el Twitter, el hashtag más concurrido de Francia es #Facebook. Ahí se publican centenares de testimonios de usuarios encolerizados.

La compañía de Mark Zuckerberg tuvo una reacción inicial contradictoria: el lunes, mientras la dirección de comunicación de su división europea confirmaba que se encontraban "investigando el error", las oficinas de Facebook en California negaban que dicho error existiese. Así lo dijo una vocera de la compañía a TechCrunch, un medio especializado en información sobre tecnología. Pero su explicación se basa, simplemente, en el hecho de que no hay manera de comprobar que los mensajes supuestamente filtrados fueran, en algún momento, privados.

¿No la hay? Los primeros en poner en duda esta explicación fueron los propios periodistas de TechCrunch. Ellos no solo publicaron una captura de pantalla que demuestra exactamente lo contrario de lo que alega Facebook, sino que añadieron, como prueba, un mensaje privado del propio Zuckerberg.

Un portavoz de Facebook Francia negó "toda falla de seguridad en los datos privados" y explicó que "una minoría de usuarios se había inquietado al ver mensajes que creían privados sobre su diario de actividad". Esta explicación no hizo sino incrementar la indignación de los usuarios.

En Francia, este es un caso para el CNIL (el Consejo Nacional para la Informática y las Libertades), una de cuyas atribuciones es precisamente garantizar la privacidad de los usuarios de las redes digitales. El martes, cuando el escándalo saltó a las primeras páginas de los principales periódicos del país, el Gobierno de Hollande conminó a Facebook, mediante nota oficial, para que concurra al Consejo a dar explicaciones.

Mientras tanto, la ministra delegada para la Economía Digital, Fleur Pellerin, quiere ir un paso más adelante. Ella anima a los usuarios de Facebook que se sientan afectados por la publicación de mensajes confidenciales a cerrar sus cuentas y demandar a la red social. Y dijo en una entrevista de televisión que "las explicaciones de Facebook no son muy convincentes". Ella y Arnaud Montebourg, ministro para la Recuperación Industrial, acusan a la compañía de "falta de transparencia".

La credibilidad de Facebook está en tela de duda. El caso de la adolescente holandesa a cuya fiesta de cumpleaños, la semana anterior en la localidad de Haren, llegaron 4 000 personas convocadas por Facebook, volvió a discutirse en estos días. ¿Se debió, como dijo la compañía, a que la joven no acotó lo suficiente las opciones de privacidad? ¿O fue una filtración de información? La avalancha de supuestos invitados terminó con violencia callejera, cargas policiales, 34 heridos y 29 detenidos.

No es la primera vez que la imagen de Facebook, una red social con 950 millones de usuarios en todo el mundo, resulta empañada por su propensión a violar la privacidad de su sus usuarios. En particular, estos escándalos son más frecuentes desde que la compañía, que no se caracteriza precisamente por la claridad de sus criterios de distinción entre lo público y lo privado, emprendió acciones para convertirse en una herramienta de mercadeo y ventas.

Un ejemplo es su sociedad en Estados Unidos con la empresa Datalogix, con la cual Facebook trabaja en un proyecto para estudiar los hábitos de compra de sus usuarios con el fin de diseñar campañas de publicidad más efectivas y dirigidas. El procedimiento de Facebook y Datalogix implica el monitoreo de la actividad on-line de los usuarios sin su consentimiento previo. Para evitarlo, el usuario deberá llenar un formulario solicitando que no se monitoree su actividad. Pero este formulario no aparece en el sitio de Facebook, sino en el de Datalogix, con quien el usuario no tiene ninguna relación.

Otro proyecto que involucra a Facebook es aún más inquietante y el mes pasado fue motivo de debate en Francia. Redpepper, una compañía estadounidense, acaba de desarrollar el prototipo de un cámara capaz de identificar los rasgos biométricos de las personas y aislarlos en la gigantesca base de datos de la red social. Es el amanecer de lo que podría llamarse publicidad personalizada. Funciona así: un usuario entra en un local comercial; la cámara de seguridad capta su rostro y lo identifica biométricamente; a continuación, sus datos personales son cruzados con su perfil de consumo. Inmediatamente, el usuario recibe un mensaje en su celular: "Aproveche nuestra oferta X". ¿Ciencia ficción?

Paradojas de la realidad virtual contemporánea: los usuarios de Facebook son personas que, de una manera u otra, han elegido vivir con un cierto grado de exposición a través de la red social: publican sus fotos familiares, suben información de las nimiedades de su vida cotidiana, comunican hasta sus más banales pensamientos... Se acostumbran, de alguna manera, a vivir con las puertas abiertas. ¿Cuál es el precio que están dispuestos a pagar por ello? ¿Cuál es el límite de intromisión en su privacidad que son capaces de admitir? La respuesta cabe en dos palabras: consentimiento informado. Y ese es, precisamente, el detalle que Facebook ha comenzado a omitir con preocupante frecuencia.