Muy a pesar del perverso empeño tercermundista de nuestros políticos, la actividad empresarial en el país marcha hacia adelante. Las nuevas realidades, resumidas en la rigidez de la dolarización, en el tremendo reto de la globalización, la inminencia del TLC y la inestabilidad política interna, han puesto a prueba la creatividad y la iniciativa del empresario ecuatoriano. Hoy, las circunstancias exigen del empresario una nueva óptica con las que ha de afrontar la nueva verdad del mercado. Ya no es posible imaginar una política de fomento, de tasas de interés subsidiadas, de elevadas barreras arancelarias, de desgravación fiscal, de prohibición de importaciones. Todas esas añoradas medidas encaminadas de ordinario a proteger actividades ineficientes, han caducado. El clásico tránsito por los ministerios y por los pasillos del Congreso, han perdido eficacia. El empresario debe estar ahora donde debió estar siempre, cerca de su consumidor, transformando su producto o servicio en cada día más atractivo que aquel de su competencia. Pues bien, cómo medir lo que está pasando en nuestra economía. Cómo volver legible esta realidad. La vía es a través de revisar de manera detenida la evolución de las exportaciones no tradicionales. Y es que este indicador nos permite visualizar el efecto real de las nuevas iniciativas, de los nuevos estándares de productividad, del nivel de agregación de valor, de la naciente construcción de marcas nacionales en el exterior. Muchas de estas cifras pueden resultar sorprendentes, ya que el país está habituado a escuchar a los analistas referirse al comportamiento de las exportaciones en su conjunto. Pero no puede olvidarse que los países que han logrado un mayor grado de desarrollo relativo, no lo han hecho en base a la evolución de un puñado de productos, el desarrollo se alcanza en base al mayor o menor grado de diversificación de las exportaciones, ya que por razones de elemental comprensión, vuelven mucho menos vulnerable a una economía.
De la información del Banco Central, entre 2000 y 2004, la exportación de productos no tradicionales creció de $1 182 millones en 2000, a $1 753 millones en 2004, lo que representa un crecimiento nada despreciable del 48% en el período. He cortado en 2000, porque es el año en que se implementó la dolarización, sobre la que se presagió la muerte del sector productivo. Entre otros, se destacan los siguientes crecimientos sectoriales: flores (77%), madera (134%), frutas (205%), jugos y conservas de frutas (38%), enlatados de pescado 44%), químicos y fármacos (41%), manufacturas de metales (88%), prendas de vestir (41%), otras manufacturas textiles (25%), manufacturas en cuero, plástico y caucho (23%), extractos de aceites vegetales (175%), elaborados de banano (43%), manufacturas de papel y cartón (81%), otros industrializados (38%).
En definitiva, mientras los medios de comunicación persiguen los bochornos de los diputados y políticos, hay mucha gente en el Ecuador que trabaja en silencio por lograr un país del que podamos sentir legítimo orgullo.