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Ética y narrativas contemporáneas

Publicado el 19/Febrero/2010 | 00:08

La identidad individual se construye mediante interpretaciones y reinterpretaciones de historias antiguas y nuevas sobre nosotros

Por Ana María Correa

amcorrea@hoy.com.ec

La tecnología de la información y la sociedad posmoderna nos llevan a la repetición incesante de imágenes, de forma tal que dicha multiplicación parecería anular la posibilidad de sostener una imaginación creativa y responsable que nos conduzca a encontrar un significado real y profundo en la realidad.

La crítica posmoderna acerca de las metanarrativas y las grandes interpretaciones históricas, sin embargo, no descarta de plano la posibilidad de que, a nivel individual y colectivo, los seres humanos recuperemos nuestras identidades personales y culturales. Así, la narrativa de la imaginación y de la creación aún tiene un rol que desempeñar en la cultura posmoderna. Más aún, ahora más que nunca, ahora cuando los referentes culturales son réplicas de réplicas, es indispensable recuperar el rol de la imaginación creativa y responsable. Para algunos filósofos contemporáneos, existen tres roles indispensables que la narrativa imaginativa cumple. Cumple una deuda con nuestro pasado histórico, nos ayuda a cultivar la noción de identidad personal y, finalmente, nos sirve para evaluar, individual y colectivamente, nuestras acciones. Así, la poética narrativa ayuda a la construcción de una ética de responsabilidad, indispensable para enfrentar la vida presente y futura.

Para la filosofía contemporánea crítica del estructuralismo y positivismo, la narrativa y la imaginación tienen un poder clave, pues proveen de sentido a la realidad, es decir, que se hacen presente aquello que está ausente. Desde el punto de vista histórico, esto implica la capacidad de liberarnos de la amnesia de lo presente, al proyectar futuros y recuperar pasados. Así, la proyección cumple una función emancipadora, y la capacidad de recuperar memorias desempeña una función testimonial. Ricoeur, por ejemplo, analiza el rol testimonial de la imaginación en la recuperación histórica. Para este filósofo, la narrativa incluye un sentido de responsabilidad ética por la deuda histórica que mantenemos con nuestros muertos y, sobre todo, porque seríamos incapaces de enfrentarnos a la historia si no fuera por la función esquematizadora de la imaginación, que provee de figuras para eventos pasados suprimidos por la memoria. Así, poesía y narrativa se ponen al servicio de la ética cuando recuperan el recuerdo del sufrimiento pasado.

La identidad individual también se construye mediante una serie de interpretaciones y reinterpretaciones de historias antiguas y nuevas sobre nosotros mismos. Los seres humanos somos, de acuerdo a Proust, escritores y lectores de nuestra propia vida. Sin embargo, la capacidad de contar historias es un arma de doble filo que puede conducir a mentiras ideológicas y narrativas supuestamente emancipadoras, que degeneran en grandes opresiones, por lo que se necesita una buena dosis de hermenéutica que evite las grandes decepciones de la historia. La narrativa abre nuestros horizontes y nos permite establecer empatías con nuevas realidades. La narrativa nos impulsa fuera de nosotros, vía empatía, analogía, etc., y amplía nuestro círculo hasta conocer al otro. Hannah Arendt consideraba esto como esencial para un juicio ético: la capacidad de incluir en nuestro pensamiento la perspectiva del otro, y, sin el cual, nuestro juicio jamás podría operar.

Hora GMT: 19/Febrero/2010 - 05:08

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Comentarios

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  1. 1 Thaigo Encalada desde - Toki

    Sin una episteme positiva cualquier narrativa carece de un valor racional. Y me gustaria agregar que fueron precisamente los fascistas quienes reivindicaron un analisis "magico" de la historia.
    Para que la moral tenga un valor social, lo cual se logra unicamente a traves de la politica, esta debe tener una base empirica y objetiva. O sea, no interpretar al "otro" como un sujeto berkeliano producto de mi imaginacion, si no como una realidad plausible y material independiente de nuestra existencia.
    No vale confundir lo privado (construir una identidad individual) con lo publico (la identidad colectiva). La razon debe prevalecer.

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