Por Juan Montaño Escobar
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Los blancos racistas del restaurante El Portón, en Guayaquil, dicen que esa noche se asustaron de Felipe Caicedo y sus amigos porque usaban Blackberry, no escondieron la voz, no parecían almas sometidas, no mostraron las miserias del gueto, no tenían los apremios de la masa linyera; el radar de sus prejuicios señalaba que correspondían a las malas cifras sociales, no se amilanaban ante los murmullos tibios de los que comen con escrúpulos; aquel que llegó primero mostraba sin disimulos su impaciencia gástrica e importunaba a los atrasados, parecían "negros de mundo" porque no envidiaban sus trapos de boutique; eran mayoría absoluta, pero les alcanzó algún freudiano susto atávico; por ahí, uno de los comensales sospechó que el paseante estaba malencarado y todos se sobrecogieron ante aquellas naturalezas libres, demasiado como para no ser lo que ellos creían que eran. Histéricos, llamaron al brazo duro del racismo ecuatoriano antinegro: la Policía. Atendieron la acusación de los "estúpidos hombres blancos" que en este mundo han sido y serán: "Son negros anormales, porque quieren "comer como nosotros"". Bueno, los manducantes cara pálidas mandaban y la policía obedecía.
Aplausos para Ecuavisa (buena edición de la noticia) y para la abogada de Felipe Caicedo que cantó el blues de la sinceridad: "Si hubiera sido rubio él que entraba y salía ".
Los afroecuatorianos debemos vigilar que el juicio no se extravíe en vericuetos de anécdotas y en perdones y olvidos. Este jazzman les alerta la memoria justiciera sobre el brutal episodio racista de Carcelén Bajo, barrio de Quito. Unos subordinados del ministro Javier Ponce, uniformados de camuflaje, se llevaron al braveo a jóvenes afroecuatorianos a un descampado, quemaron sus ropas, casi los matan a golpes (sus fotos circularon en Internet) y los abandonaron en una quebrada. Eso ocurrió en enero y no sé si ya recibieron alguna condecoración (ojalá que no de las manos de Javier) por esa hazaña racista.
El Gobierno de la Revolución Ciudadana fracasa en la aplicación de políticas antirracistas y, peor, se hace el distraído hasta parecer cómplice. ¡Hey, presidente Rafael Correa! Entérese que sus burócratas del MIES-Infa suspendieron una escuela infantil de fútbol (tenía cerca de 100 niños) en los barrios de la ribera del río Esmeraldas. En ese gueto, viven decenas de miles de personas ¿Sabía usted que esa era la única distracción para ellos? El drama no está en esta jam-session, presidente, pero pida que le alcancen un par de datos socio-económicos de aquellos barrios.
El racismo del Estado ecuatoriano causa que los gestores de las instituciones actúen como si los afroecuatorianos apenas merecieran una corriente de lástima, palabrería sobre inclusión y "la jungla de sus guetos". Pero son estas autoridades que tienen el gueto en la mente, por eso, su mayor objetivo es "confinar a los que no tienen poder político y perpetuar esa falta de poder". El entrecomillado es de Martin Luther King, Jr.
Hora GMT: 04/Julio/2009 - 05:08

04/Julio/2009 a las 09:51
Soy negro y, sinembargo, creo que el señor Montaño exagera y dramatiza alrededor de una situación en la que más bien se demuestra que la prensa, la ciudadanía en general y las autoridades están de parte de los más débiles. No he escuchado a nadie decir que hay que repetir lo sucedido para estar más seguros, que haya que quitarles los celulares a los negros o cosas por el estilo. Pero empezar a citar a Luther King, a Malcolm X, a Patricio Lumumba o a Mandela solamente porque alguien cometió un error es esperar para los negros del Ecuador un trato especialísimo, éste si discriminatorio a más no poder, solamente por el hecho de ser negros. Soy negro, como usted señor Montaño, pero no me creo un predestinado, o un ser único e intocable. También hay delincuentes negros y sospechosos blancos así que deberíamos tener moderación y no hacer alharaca por cualquier ridiculez.