Por Luis I. Jácome H.*
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El Gobierno estadounidense tiene ya en sus manos el llamado "paquete de estímulo" económico. Son $787 mil millones entre aumento de gasto estatal (algo más de 70% del paquete) y reducción de impuestos (cerca de 30%), que se suma a la ayuda entregada por la anterior administración y los créditos otorgados por el banco central. Estamos, hablando de un esfuerzo estatal sin precedentes bajo cualquier estándar. Frente a tan elevada cifra, cabe preguntarse si esta política dará el resultado que se espera.
Siguiendo una línea keynesiana, el presidente Barack Obama busca evitar que la recesión económica se profundice, multiplicando el ya elevado desempleo. El equipo económico que le asesora se apoya en la evidencia histórica que enseña que, en recesiones anteriores, cuando el Gobierno no intervino para combatirla, esta se prolongó, con todas sus consecuencias negativas. Así por ejemplo, según los cálculos de la Oficina Nacional de Investigación Económica (National Bureau of Economic Research), la duración de la contracción de la economía durante la recesión de los 1870 duró 65 meses. Incluso, en la crisis de los años 1930 ya con un incipiente pensamiento keynesiano en vigencia la contracción duró 43 meses, debido a que, según algunos historiadores, el presidente Roosevelt fue tímido en expandir el gasto público.
Pero no todos están de acuerdo con esta política.
Paradójicamente, el partido republicano el principal causante del problema por corregir se opone porque implica un mayor rol del estado en la economía.
Otros, en cambio, tienen reservas por la dimensión de las cifras y su impacto en el déficit fiscal, lo que llevaría a la gente más bien a ahorrar y no a gastar para pagar la nueva deuda en el futuro. La expansión fiscal significa más de 5% del PIB y en su mayoría se gastaría en 2009, lo que abultaría al déficit de 3.5% del PIB proyectado inicialmente.
Más allá de lo fiscal, podría ocurrir que el éxito que se persigue sea menor al esperado en la medida que no se normalice el flujo de crédito en la economía norteamericana.
Es que el talón de Aquiles de la crisis sigue siendo la falta de capital de los bancos, sin el cual la recuperación del crédito no se va a dar en los montos requeridos para apoyar la reactivación plena de la economía. Según el Premio Nobel de economía, Paul Krugman, los cuatro bancos más grandes (Bank of America, Wells Fargo, JPMorgan y Citi) deberían tener un capital combinado de $450 mil millones y no solamente los $200 mil millones que tienen ahora. Que el gobierno ponga la diferencia resulta improbable por razones políticas, a menos que los bancos sean nacionalizados. El problema es que esta última palabra causa malestar en el centro del mundo capitalista y es difícilmente aceptada. ¿Estará dispuesto el presidente Obama a empujar a favor de la ingrata nacionalización bancaria?
*Universidad de Georgetown
Hora GMT: 27/Febrero/2009 - 05:08
