Análisis
Jaime Carrera
Observatorio de la PolÃtica Fiscal
La generalidad de paÃses europeos, durante años, incluso décadas, acostumbraron a sus sociedades a generosos beneficios sociales y subsidios, brindándoles un estatus de bienestar no ganado con sus esfuerzos competitivos; sà mediante la acción estatal sustentada en un elevado, y en muchos casos ineficiente, gasto público financiado con altos impuestos y deudas públicas crecientes.
Cuando el gasto público -cerca del 50% del PIB en la mayorÃa de paÃses- no puede sostenerse y las cuantiosas deudas no pueden pagarse, la crisis generada por la insostenibilidad de los Estados de Bienestar se traduce en severas medidas de ajuste económico y social.
Las sociedades retroceden años o décadas en sus niveles de vida, el desempleo bordea el 25% en algunos paÃses, las empresas quiebran, se recortan las pensiones, se reducen los sueldos públicos, se aumentan impuestos, se disminuyen las prestaciones de salud y educación, etc.
Sin embargo, hay un paÃs que cree revolucionario duplicar el gasto público del 23,6% del PIB al 46,3% del PIB, aumentar la masa salarial pública del 7,8% del PIB al 10,8% del PIB, hacer crecer los subsidios hasta el 11% del PIB.
Existe la ciega convicción de que el Estado debe ser el gran actor económico, benefactor de los pobres y sostén de un perpetuo y único poder polÃtico. Ceguera que impide aprender de las crisis de otros y de las lecciones de la historia.
El elevado gasto público que no puede sostenerse con un alto precio del petróleo y crecientes impuestos y deudas, bajas reservas e iliquidez, pobres exportaciones, escuálida inversión privada, asfixia al sistema financiero, bajo PIB per cápita; millones de pobres, informales, desempleados y subempleados; es un entorno que ya conduce a medidas desesperadas para sostener el modelo. El tiempo de desarrollo perdido será costoso recuperarlo.
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