No nos referimos al espionaje en sus acepciones más comunes, como la del campo militar, mediante la cual algunas naciones y gobernantes han utilizado una inteligencia estratégica, cuyo objetivo fue determinar las posibilidades y vulnerabilidades de otras naciones. Como reseña histórica, recordemos que en la Biblia se narra cómo Moisés envió a 12 agentes para espiar la tierra de Canaán. Asimismo, en el siglo IV a.C., el tratadista chino Sun-Tzu, en su libro El arte de la guerra, señaló la importancia del contraespionaje. En la Edad Media proliferaron los espías por toda Europa, y, en el siglo XVI, la mayor parte de los Estados mantenía agentes al amparo de las embajadas.
Al final de la guerra de los 30 años, tras la paz de Westfalia (l.648), se inició la etapa histórica del auge de los nacionalismos, y, con ello, los gobiernos incrementaron los medios de seguridad de sus países e instauraron complejas redes de espionaje. La reina Isabel I y Oliver Cromwell, en Inglaterra, así como el cardenal de Richelieu, en Francia, se sirvieron de numerosos agentes secretos; por su parte, el rey Federico II, El Grande de Prusia, ya en el siglo XVIII integró servicios de inteligencia.
Nuestra entrega desde esta columna se refiere al ejercicio de Joseph Goebbels, ministro de Propaganda desde l933 del manicomio de Hitler, poniendo en marcha la vil tarea de desinformar al pueblo alemán para lograr su adhesión con la engañifa de un destino pletórico de bienestar. Por toda la infame obra realizada, Goebbels y su maquinaria de canallesco espionaje ocupan en la historia un lugar tan importante como el de Mefistófeles. Es que a pesar de la repulsión que causan los métodos empleados por un hombre para una aberración, hay que reconocer que abrigaba ideas muy innovadoras tocantes al arte de influir sobre las masas.
En ningún país de aquella época, por ejemplo, se utilizó tan eficientemente la radio como en la Alemania nazi, para crear una opinión pública.
Claro está que ninguna democracia pensaría en imitar su sistema, el cual perturbaba a toda una nación cada vez que el Fuhrer se dirigía a la Nación, empleando, además, múltiples lemas y consignas, y a la insistencia acerca de determinados hechos, con los cuales martilleaba las mentes alemanas.
Goebbels, además, mostró cómo una dictadura surgida de las urnas se las compuso para modificar la manera de pensar de un pueblo entero. Los medios y los métodos que empleó nos ayudan a juzgar y a entender más fácilmente a otras dictaduras. Al comprender cómo trabajan los gobiernos autoritarios, las democracias pueden y deben adoptar una mejor postura para enfrentarlos.
Sin el impulso de un nihilismo amoral, del que Joseph Goebbels fue la más cabal personificación, Hitler no hubiera ensangrentado y destruido Alemania. Joseph Goebbels creó una nueva realidad por entero basada en la mentira.
Hora GMT: 29/Enero/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad QUITO Autor: Por Luis Herrería Bonnet
