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Esparadrapos

Publicado el 01/Julio/2008 | 00:00

En la Constituyente han aparecido bocas selladas y labios cosidos. La palabra está en huelga. Una huelga tan grave como la de hambre. La palabra representa la más importante y legítima de nuestras moradas. El presidente de la República se ha ofrecido a realizar una gran colecta para comprar todo el esparadrapo del mundo y enviarlo a Montecristi: la oposición no hablará nunca más. De esta manera, la Constituyente caminará airosa porque esos pocos de la mayoría que hablan poseen, desde siempre, la legitimidad de la palabra y de la verdad. No sabemos cómo, pero se consideran los únicos representantes de todos. Razón más que suficiente para congratularse pues ha vencido a sus supuestos adversarios.

Cuando se amordaza la palabra, toda ganancia es pírrica. ¿Cómo será una Constitución aprobada al "galope"? Grave que se sobredimensione la materialidad del producto y no su espíritu y bondad. Cerrar la boca del adversario nunca ha sido ni será signo de fortaleza sino de una gran debilidad. Quienes perdieron las elecciones no pueden opinar, afirman convencidos. Liviandad pura echar cuentas sobre las veces que alguien ha intervenido en esa Asamblea. ¿Por qué no se señala a quienes jamás han abierto la boca para dar cuenta de sus ideas e imaginarios? Según los nuevos criterios de eficiencia, quienes jamás o casi nunca intervienen recibirán el premio a la sabiduría.

Paralela a la exaltación de la palabra, otra corriente bendijo las bondades del silencio elevado a virtud. Aconteció cuando el poder se encargó de minimizar y hasta anular los criterios, deseos y expectativas de los débiles. Al monarca, que posee el poder y la sabiduría donados por Dios, no le son necesarios los criterios, observaciones y deseos de los súbditos porque cuenta con el don de saber de antemano qué les interesa y conviene. Por algo ha sido ungido por Dios. Es una pena que a esta altura de la historia se bendiga el silencio y el sometimiento irrestricto a la sabiduría del otro que considera que algo ya ha sido suficientemente conocido como para que se convierta en norma jurídica de todo un país. ¿Por qué se habla a nombre del pueblo ecuatoriano?

Cuánto tiempo ha perdido la Asamblea en bagatelas. El mandato del pueblo fue que redacte una nueva Constitución. Pero infatuados por un poder que no se les otorgó, sus miembros hacen gala de un pensamiento mágico digno de Macondo. Ya hablaron y discutieron de todo, hasta de lo inaudito, y lo hicieron con sublime sabiduría. Muchos perdieron el libreto y se dedicaron a filmar la más surrealista de todas las películas del país. El premio ha sido la decapitación de un mandato nacional.

Hora GMT: 01/Julio/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Rodrigo Tenorio Ambrossi

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