Obama relativizó la realpolitik y puso de relieve los valores esenciales de los Estados Unidos
Por José Valencia
jvalencia@hoy.com.ec
El discurso inaugural del presidente Obama es una pieza de oratoria política. Ideas ordenadas, imágenes, conexión con la audiencia, notas que tocan el alma estadounidense y frases dispuestas para proyectar resolución y liderazgo. Posiblemente, solo otro discurso de Obama supera en elocuencia y contenido al de la posesión del mando: el presentado el 4 de junio de 2009 en la Universidad de El Cairo, en el que los temas centrales fueron la relación de los Estados Unidos con el mundo musulmán y la orientación de la política exterior de Washington en el Medio Oriente.
Meses después, como relata Peter Baker del New York Times, se ha conocido que el día mismo de la investidura presidencial, mientras el presidente Obama leía su discurso ante miles de sus conciudadanos presentes, estaba al tanto de informes de inteligencia que daban cuenta que terroristas habrían llegado vía Canadá y se aprestaban a hacer estallar bombas en la ceremonia. El Secretario de Defensa, el funcionario más alto en la línea de sucesión, se mantuvo fuera de la capital para encarar cualquier emergencia. Aunque los informes se demostraron sin sustento, Obama, quien como candidato puso reparos a la guerra en Irak, censuró los métodos de interrogación de la CIA -torturas encubiertas con giros del idioma y memorandos de dudoso peso legal- y planteó el cierre de Guantánamo, pudo constatar desde una inédita perspectiva la realidad de unos Estados Unidos atrapado en una confrontación sin cuartel con extremistas que no distinguen objetivos civiles de militares, o líneas políticas de diálogo de posiciones intransigentes.
El reciente intento de derribar un avión repleto de civiles el día de Navidad, reivindicado por líderes de Al Qaeda, solo reitera la vigencia del problema del terrorismo para los Estados Unidos. Las medidas tomadas por la administración Obama no satisfacen a muchos estadounidenses. Críticos del presidente Obama, desde el progresismo, sostienen que este continúa en lo medular con las políticas de su antecesor, que sus cambios son insuficientes, por ejemplo, en el andamiaje legal para procesar a acusados de terrorismo. Entretanto, desde la derecha, lo acusan de flojera y claudicación por no seguir a pie juntillas los pasos de Bush. Varios observadores se preguntan si un atentado sangriento no desbaratará con facilidad la línea de Obama en la cuestión.
Luego del 11 de septiembre, intelectuales estadounidenses como Susan Sontag y Norman Mailer plantearon reflexiones que aún tienen vigencia y presentan desafíos para los diseñadores y ejecutores de la política exterior de su país. Sin justificar la sinrazón y crueldad del terrorismo y reconociendo la necesidad de contrarrestarlo de inmediato, nuevas voces han alentado a una introspección, a un análisis de la política internacional del momento y de su coherencia con los valores que inspiraron a los Padres Fundadores de la Unión; sin caer, por cierto, en el extremo de un voluntarismo ingenuo. El discurso del presidente Obama en El Cairo se orientó en esa dirección, pues relativizó la realpolitik y puso de relieve los valores esenciales de su país. ¿Es factible concretar este enfoque en hechos, o los intereses de una potencia tienen ciertas cargas de las que no puede librarse?
Hora GMT: 28/Enero/2010 - 05:06

28/Enero/2010 a las 12:45
A propósito de esas ciertas cargas de las que no puede librarse la potencia. Será que Bush y Obama se diferencian solo porque este último suele hacer verdaderas obras de oratoria?