Por: Cecilia Velasco
Según nos informa la prensa especializada, el premio nobel José Saramago instó a Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, a "que tenga la valentía de pedir perdón al poeta". Se trata de "Ernesto Cardenal, uno de los más extraordinarios hombres que el sol calienta". En palabras de Saramago, el cura trapense nicaragüense, de algo más de 80 años, ha sido víctima de la mala conciencia de un Ortega indigno de su propio pasado, incapaz ahora de reconocer la grandeza de alguien a quien hasta un Papa, en vano, intentó humillar". Saramago afirma que en Nicaragua la justicia "se dejó corromper por los rencores y las envidias del poder", y advirtió: "Una vez más una revolución ha sido traicionada desde dentro".
En el año 2005, habría prescrito una causa en contra de Cardenal, acusado de injuria por un ciudadano alemán. Pero a propósito de las declaraciones de Cardenal en contra del Gobierno de Managua, hechas en Paraguay, un juez, vinculado con el gobernante Ortega, reabrió la causa en contra de Cardenal, de quien ordenó la prisión o, por lo menos, el pago de una multa de algo más de $1 000.
A Paraguay, a la asunción al poder del ex cura Fernando Lugo había estado invitado Ortega, pero allí le esperaba una manifestación de feministas en rechazo a las violaciones que este practicó durante años en contra de su hijastra, y no fue; en cambio, sí estuvo Cardenal, junto con intelectuales de la teología de la liberación y escritores como Eduardo Galeano. En su patria, esa Nicaragua a la que cantó con sus hermosos y potentes poemas, la "familia real" ha tratado de desprestigiarlo acusándolo de "lobo disfrazado de cordero" y como "parte de la comparsa de la derecha". Cardenal, por su parte, desde hace rato rompió con un cada vez más desprestigiado Frente Sandinista, implicado en actos que perjudicaban intereses del Estado en aras de ambiciones particulares, "la piñata", y señala que entre los cercanos a Ortega están, no solo el ex presidente Arnoldo Alemán, embarrado en corruptelas, sino también antiguos somocistas y personajes de la seguridad política de la guardia sandinista.
Alguno de los jueces implicados en la acusación a Cardenal fue abogado de Ortega, cuando se hicieron públicas las acusaciones de la hijastra. Galeano y Saramago, así como Sergio Ramírez o Gioconda Belli, se refieren a este acto del poder como gesto bárbaro. Resta, como pedía un lector que escribía a HOY, que otros escritores de América y el Ecuador se pronuncien en contra del Gobierno sandinista, que persigue a uno de los grandes de la poesía hispanoamericana y uno de los que reflexionó en serio sobre la teología de la liberación. Con su cabello largo completamente cano y la emblemática boina, Cardenal se declara en rebeldía, pero admite su decepción y hastío. Habrá algunos que no, porque, como se sabe, el de Ortega es uno de los últimos regímenes verdaderamente antiimperialistas del mundo.
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Hora GMT: 09/Septiembre/2008 - 05:18
