Por Pepe Laso R.
Él había oído cierta vez esta frase: "La banda sonora de tu vida". Al comienzo, le había parecido simplemente tan vacía como aquella de la "chispa de la vida".
Después se había puesto a pensar que si su vida era como una película, estaba llena de sonoridades que se habían quedado en su memoria y que, vueltas a escuchar, de pronto, despertaban momentos de su vida de una densidad sorprendente. Momentos que fueron pero que, de alguna manera, hicieron lo que él es. Se había acordado de la novela de Proust En busca del tiempo perdido, pero le pareció demasiado pedante evocarla en momentos en que hablaba de su memoria casera. Él se había preguntado, hace unas semanas, cómo en las esquinas de las calles se vendían todos los discos de Michael Jackson, antes de que su funeral se realizara a miles de kilómetros de distancia. Es que esa música, extraña para él, para otros muchos seres en el mundo era parte de la banda sonora de unas vidas que todavía estaban por estrenarse. Y había pensado cómo casi todos los significantes que caminan por el mundo son producidos por las industrias culturales y que apenas se liberan de ellas sus silbidos destemplados cuando se siente solo.
Cuando Érase que se era, título de uno de los discos de Silvio Rodríguez, se acordó de los primeros discos LP de la Nueva Trova cubana, aquellos que comenzaban a llegar y que fruto de la experimentación sonora del ICAI (Instituto Cubano de Artes e Industrias Cinematográficas), fueron el germen de este movimiento que comenzó a trabajar al mismo tiempo con el pop, la música popular cubana, el jazz, la música brasileña, la música electrónica y el happening abierto como nueva forma de cohesión social y compromiso. Allá, por los 1968, le contaron que la Nueva Trova había surgido en un concierto en Casa de las Américas de Silvio, Pablo Milanés y Noel Nicola y que unos años más tarde se había consolidado como movimiento.
Él era de esa generación de Mayo 68, cuando quizá lo que sucedió fue que la gente joven se tomó la palabra para anunciar que un nuevo mundo y nuevas maneras de sentir vendrían a aliviar los dogmatismos y los dolores de un oscuro estalinismo y que Camus tenía razón cuando dijo que la única manera de equivocarse era hacer sufrir a los demás. Cuando se sentaba a oír con sus amigos "Yolanda" de Pablo o "Unicornio Azul" que "ayer se me perdió/ no se si me fue/no se si se extravió/ y yo no tengo más/ que un unicornio azul/
Mi unicornio y yo/ hicimos amistad/ un poco con amor/ un poco con verdad", él y sus amigos confesaron que también les gustaban los Beatles y que les lastimaban todos esos viejos fundamentalismos que hoy le parecen haber resucitado.
Él, por supuesto, quisiera tomar un bus para volver a oír cantar a Silvio "Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan/para que no las puedas convertir en cristal/ Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo/ Ojalá que la luna pueda salir sin ti/ Ojalá que la tierra no te bese los pasos
Ojalá que
".
joselaso@hoy.com.ec
Hora GMT: 09/Agosto/2009 - 05:10
