Por Luis Alberto Luna Tobar
Se han descubierto en el mundo político que conmueve al país ciertas figuras clave, en cuya acción o gestión pública se suspende o depende la respuesta comunitaria y sobre todo el giro que en el proceso normal de desarrollo van perfilándose la más positiva esperanza o al más enraizado desconcierto. Esas figuras, en menor número, son aquellas que inspiran esperanza de cierto y adecuado proceso positivo de encuentro de real camino y de adecuados instrumentos de construcción y mantenimiento. No falta y contrasta la presencia y la efectividad de una suerte de sombra humana: personajes imponentes, que tienen siempre a su servicio una especie de fuerza misteriosa, perturbadora y a la larga desconcertante.
Figuras rígidas, solitarias, pero con un misterioso vigor para mantener a todo trance su pensamiento poco lúcido, pero con un "quid" perturbador
Analizados con serenidad los diarios de debates, encontramos cómo se encuentran y entienden por momentos estas dos fuerzas y cómo ellas mismas se desconciertan y provocan crisis, cuya mayor trascendencia es, por desgracia, totalmente negativa. Estamos seguros de que las dos suertes o especies de figuras públicas, políticas y sobre todo legislativas, sí se reconocen en su identidad y sí luchan por más intereses que los que realmente tratan en sus actitudes de asociación y en sus posiciones de diálogo legislativo y ejecutivo. Desde nuestros congresos se preparan, la mayor parte de las figuras políticas que hacen nuestra historia. Firmados y proclamados por la audiencia legislativa, pasan sutilmente a las campañas propiamente ejecutivas, cuyo primer paso está fijado y mantenido siempre por la mayor ambición personalista y por la progresiva anulación del verdadero sentido de trabajo personal y social por el bien común. Es realmente desconcertante contemplar, escuchar, ver y sentir cómo entre la esperanza de todos y el desconcierto íntimo de muchos, cada día se manifiesta en la acción social y en las respuestas de las comunidades, una progresiva decepción por un crecido número de representantes políticos que no realizan esfuerzo por el bienestar público que no sea con la condición de ciertos beneficios personales, de evidentes vanidades y de seguridades en la ininterrumpida posesión del poder. Entre la esperanza y el desconcierto, queda para la buena voluntad social, un renovado esfuerzo por sembrar lo que se quiere recoger y buscar, de lo sembrado, aquello que corresponde a la mejor semilla.
Debemos empeñarnos comunitariamente, entre la esperanza y el desconcierto, en que se consigna una suerte de seguro social en cuya virtud y por cuyo poder, volvamos a concederle a la vida diaria todas las pruebas de fidelidad en las que la esperanza funda sus empeños y en los crecimientos de una serenidad íntima que nos libere de los desconciertos que desequilibran sentimientos y aceleran la desaparición del sano optimismo, tan humano como cristiano, tan laico como religioso.
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Hora GMT: 20/Septiembre/2008 - 05:10
