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En tiempos difíciles

Publicado el 25/Octubre/2008 | 00:11

Columna del Padre Roberto

Uno se pregunta si sabrán lo que están haciendo. Me refiero a los líderes de las naciones más grandes que, a pesar de los miles de millones que están dispuestos a inyectar en las venas de la economía mundial, no consiguen estabilizar la volatilidad de los mercados bursátiles ni su ansiedad cotidiana. Estos líderes, que a punta de reuniones pretenden consensuar el artilugio que nos saque del hueco incalculable al que nos ha llevado el descontrol y la codicia de algunos, deben revestirse de la humildad necesaria para reconocer que probablemente se precipitaron en las medidas ya adoptadas, pues no parece que estén dando el resultado esperado. Vemos a un George W. Bush ya cansado y a punto de finiquitar un mandato que la historia no juzgará benignamente, pero dando por lo menos la cara y tratando de tranquilizar a una opinión pública que no se imaginaba la trascendencia de aquella burbuja inmobiliaria desde la que se empezó a infectar todo el sistema. Y, además, con una sociedad en pleno trance electoral y juntando los dedos para que el elegido atine con las medidas que puedan resolver la recesión que algunos tratan de negar.

Es cierto que el fantasma de la crisis de 1929 parece resucitar en el imaginario colectivo de los más instruidos, pero nos parece poder exorcizarlo reconociendo que el escenario actual, aunque sea más complejo que aquel, cuenta con fortalezas distintas y más capaces de permitirnos acortar y superar la crisis financiera internacional que se sigue propagando en cadena. Nadie puede predecir el futuro, pues la futurología no es una ciencia exacta, pero en cambio podemos aprender del pasado. ¿Qué hicieron aquellos buenos estadounidenses después de la Gran Depresión? En vez de quejarse y dejarse aplastar por la adversidad, volvieron a los reflejos naturales de la humanidad en tiempos difíciles, es decir: ampararse en casa, unirse en la familia, asumir las nuevas circunstancias de la vida, con austeridad y templanza, asumiendo cualquier oportunidad de trabajo que permitiera llevar un dólar a la casa. Y unos años después fueron otra vez una potencia, con la autoestima recuperada y con la vieja fuerza renovada y a flor de piel.

Lo que dice J. Pieper es verdad: "La austeridad y la templanza generan la riqueza, pero muchas veces la riqueza acaba destruyendo la templanza y la austeridad". Ese círculo vicioso y maldito no se nos debería olvidar, sobre todo en la época de vacas gordas, cuando malgastamos en ostentación y propaganda lo que tanto podría ayudar en la economía real creando puestos de trabajo que permitan poner sobre la mesa el pan de cada día. "El orden conculcado, sea en el ámbito de la naturaleza o de la justicia, se vuelve contra el que lo conculcó", y eso es lo que nos está pasando en la actualidad. Hay que afrontar lo que se nos viene recuperando la confianza y tratando de apoyarnos unos a otros. Hay que hablar menos y hacer más. Hay que hacer lo que nos dice el salmo: "De las espadas, forjarán arados; de las lanzas, podaderas", es decir, hay que transformar la diatriba de la arena política en consenso para la paz y reconocer y lamentar con el poeta medieval que quizá por nuestros errores aquel Juicio Divinal, cuando más ardía el fuego, tuvo que echarnos agua para hacernos reaccionar.

rofer@hoy.com.ec

Hora GMT: 25/Octubre/2008 - 05:11

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