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En memoria

Publicado el 10/Julio/2009 | 00:08

Por Marena Briones Velasteguí


mbriones@hoy.com.ec

Varias y diversas razones pueden hacer del recuerdo un apreciado motivo para destinar líneas como estas a muchas personas. No es posible hacerlo siempre y, entonces, memoria y razones se cobijan al abrigo de una imperecedera impronta personal. Pero, a veces, hay momentos y circunstancias que convocan a la escritura pública. Esta es una de esas ocasiones, que, además, ha decidido juntar en un mismo espacio a Jorge Enrique Adoum, a Farrah Fawcett y a Michael Jackson, los tres fallecidos en el transcurso de la última semana. Cada uno de ellos con su propia historia; pero, todos con una proyección de vida que trascendió hacia el mundo.

De Jorge Enrique, hubiera querido despedirme a tiempo. Despedirme del aquí y del ahora, porque es indudable que el poeta, nuestro poeta -narrador y pensador, también, pero, sobre todo poeta- permanece y continuará permaneciendo siempre en cada una de sus palabras impresas o grabadas. Me habría complacido mucho volver a degustar de su pausada, reflexiva y aguda conversación. De esa conjunción de pensamiento y sentimiento profundamente ecuatorianos que Jorge Enrique develaba. De esa gratísima hospitalidad con la que él y Nicole juntos se compartían. Una gratísima hospitalidad de la que también formaron parte Alejandra y Rosángela. He debido, pues, encontrar otro modo de despedirme de Jorge Enrique y otra manera de dejar constancia, ante Nicole, Alejandra y Rosángela, de mi gratitud por la compañía regalada y del entrañable abrazo que les he estado extendiendo.

Farrah Fawcett debe su presencia en estas cuartillas a una remembranza impulsada por una época. Eran los años setenta y algo. Años de adolescencia para mi generación. La televisión estrenaba la serie Los ángeles de Charlie con Fawcett como una de sus tres protagonistas. Y con ese estreno y con esa protagonista, el mundo adolescente entró en revuelo. La larga y airosa melena rubia de Fawcett se convirtió en deseo confesado -supongo que también inconfesado- de muchas adolescentes. Y su fotografía en pantalón de baño hubo de colgar de quién sabe cuántos dormitorios jóvenes -quizás no tan jóvenes también-. En la actuación, le costó años deshacerse de esa imagen de símbolo sexual que había adquirido y de iniciales fracasos en su carrera. La buena crítica llegó con películas televisivas en la década de los ochenta y con su trabajo en el teatro independiente "off-Broadway". Merece que también se la recuerde por eso.

Michael Jackson es un caso distinto. Su fallecimiento, ocurrido el mismo día del de Fawcett, ha conllevado una cobertura mediática impresionante y ha tenido la virtud de dejar en segundo plano facetas polémicas de la vida de un cantante, compositor y bailarín que marcó rumbos en la historia del pop y del rock. Cuánta gente lo ha llorado. Cuántas personas no siguieron por televisión, si no totalmente, sí parcialmente, la suerte de celebración-adiós llevada a cabo en el Staples Center. Ciertamente un ícono con dotes excepcionales, que lamentablemente no pudo sortear con suficiencia ni las huellas de la infancia ni las trampas que tiene la fama.

Hora GMT: 10/Julio/2009 - 05:08





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