Por: Ernesto Albán Gómez
ealban@hoy.com.ec
No sé si la frase se acomoda a las exigencias del diccionario, pero en la vida cotidiana, solemos decir que estamos empalagados cuando hemos comido en exceso un manjar especialmente sabroso, un postre muy dulce por ejemplo, al punto que ya no queremos saber nada más de él.
Yo me pregunto si los partidarios del Gobierno, que son numerosos, no estarán empalagados con la propaganda oficial. Inicialmente, esa propaganda les habrá sido muy agradable. Como el postre. El amplio despliegue de las obras públicas realizadas o en proceso de realización, con abundantes datos estadísticos y comparaciones históricas; las campañas emprendidas en diversos ámbitos sociales; también las decisiones políticas adoptadas, etc., etc., les habrán servido para reafirmar su preferencia. Y seguramente hasta habrán disfrutado con el producto menos delicado de las campañas destinadas a desprestigiar a los adversarios del Régimen. También se sentirán complacidos con los letreros regados por calles y carreteras; y hasta con los grafitis especialmente virulentos que se pintan de noche en las paredes.
Pero el ver o escuchar a todas horas, por la televisión o la radio, los spots publicitarios de todos los órganos del poder, de todas las entidades públicas, que se repiten interminablemente, ¿no les estará causando la misma sensación que sentimos cuando hemos consumido con exceso un alimento delicioso, pero que finalmente llega a empalagarnos? O dicho de otro modo, ¿a los responsables oficiales, no se les habrá escapado de la mano el manejo de la propaganda?
Me inclinaría, en principio, a dar respuestas afirmativas a tales cuestiones, aunque nunca se sabe hasta dónde llega el fervor, o la resistencia, de los partidarios de un Régimen. Desde otro lado, se dirá que la propaganda, no solo que es indispensable, sino que debe ser masiva, abrumadora, a tal punto que no permita ni réplicas ni distracciones. Y aunque haya empalagados, así seguirá hasta el último día. Más todavía en un año electoral.
El asunto merece varios comentarios. En primer lugar, una pregunta de fondo: ¿un mecanismo de esta naturaleza, con la utilización ilimitada de recursos públicos, es compatible con un sistema democrático? Se argüirá que un Gobierno tiene derecho a publicitar sus realizaciones; hasta se puede decir que tiene la obligación de hacerlo, pues es una manera de rendir cuentas de su gestión. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra una notable parquedad en esta materia, que se limita a los informes oficiales que los gobernantes deben hacer ante los organismos respectivos en fechas determinadas y nada más. Pero a quién le importa la experiencia internacional si estamos frente a un invento ecuatoriano que ha llegado con este Régimen a su máxima expresión.
Y en cuanto a la eficacia política de tan desbordante publicidad, tengo la sospecha de que no es eficaz ni se justifica el dinero empleado. ¿Por qué? A los partidarios del Gobierno, empalagados y todo, no hace falta convencerlos, en tanto que a los opositores solo se les proporciona más argumentos para acrecentar su oposición.






05/Febrero/2012 a las 11:43
Empalagados, saturados, hastiados, asqueados, los opositores. Los obsecuentes, cada vez más admirados de los milagrosos resultados del gobierno. Ni ellos mismo se lo creen. Un gobierno tan ineficiente que trata de disimular sus pésimos resultados con propaganda, por supuesto falsa y sofista. Miles de millones mal gastados y lo poco que se ve cuesta la tercera parte de lo que dicen. Hospitales en crisis después de un gasto de tres mil novecientos millones y otra cifra igual para pavimentar vías.
05/Febrero/2012 a las 12:49
Empalagados, saturados, hastiados, asqueados, los opositores. Los obsecuentes, cada vez más admirados de los milagrosos resultados del gobierno. Ni ellos mismo se lo creen. Un gobierno tan ineficiente que trata de disimular sus pésimos resultados con propaganda, por supuesto falsa y sofista. Miles de millones mal gastados y lo poco que se ve cuesta la tercera parte de lo que dicen. Hospitales en crisis después de un gasto de tres mil novecientos millones y otra cifra igual para pavimentar vías.
05/Febrero/2012 a las 16:04
Empalagados, saturados, hastiados, asqueados, los opositores. Los obsecuentes, cada vez más admirados de los milagrosos resultados del gobierno. Ni ellos mismo se lo creen. Un gobierno tan ineficiente que trata de disimular sus pésimos resultados con propaganda, por supuesto falsa y sofista. Miles de millones mal gastados y lo poco que se ve cuesta la tercera parte de lo que dicen. Hospitales en crisis después de un gasto de tres mil novecientos millones y otra cifra igual para pavimentar vías.