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Emilio

Publicado el 18/Julio/2008 | 13:08

Por María Fernanda Salvador de Bergen

Lucerna, 03 de Julio 2008, 06: 00 AM. El teléfono me despierta y corro preocupada porque pienso que me llaman para decirme que el bebé ya nació. Desde el otro lado de la línea, mi familia me cuenta con orgullo y una felicidad explosiva que Liga deportiva venció al Fluminense en el Maracaná y ganó la copa Libertadores 2008. La línea telefónica se puso caliente con nuestro griterío ¡Qué emoción!
Después, con la misma alegría, mi hermana menor, fresca, radiante y tan solo a semanas de dar a luz,me conversó contenta que tenía todo listo para el nacimiento de su tercer hijo, Emilio, mi nuevo sobrino. La felicidad era completa, familia y país pasaban por un buen momento ¿Qué más se podía pedir?

Lucerna, 04 de Julio 2008, 06:00 AM. El teléfono me despierta nuevamente. Desganada corro a cogerlo pensando que me hubiera gustado dormir un poco más. Al otro lado de la línea escucho la voz de ultratumba de mi papá anunciándome la muerte de mi sobrino Emilio.

En ese mismo instante, mi cuerpo entero se estremeció y perdió la fuerza que lo sostenía de pie. Era imposible creer lo que mis oídos escuchaban ¡Emilio no podía haber muerto! ¡Emilio debía primero nacer!
Lloré como nunca había llorado, la impotencia, la distancia y la inconformidad, no permitían que me calme ¿Qué hacer? ¿Cómo ayudar? Las inevitables preguntas sin respuesta intentaban ahogarme en la desesperación y la locura. ¿Porqué, Dios?
Al hablar con mi hermana, mi cuñado y mis sobrinos lloramos en comunión de espíritu. De ellos me vino la fuerza ¡Qué ironía!

Su inmenso dolor, no destruyó su fe, al contrario, los volvió más fuertes, más unidos y aún más agradecidos por la hermosa experiencia de haber sentido la presencia de Emilio por nueve meses en sus vidas.

Ser agradecida es ahora la clave de mi consuelo.

Desde la muerte de mi sobrino Emilio, veo la vida con otros ojos. Todos los problemas se vuelven relativos. Ahora siento que la vida es muy corta para dejar la pasión y la entrega en todo lo que uno hace, de lado. Debo disfrutar intensamente y con humildad de las cosas o situaciones que aportan a mi felicidad en el día a día.

No pude abrazar a mi pequeño Emilio, sin embargo lo tengo muy presente en mi corazón y en mi vida. El se ha convertido en el ángel de mi guarda.

Gracias a Dios y a él por todas estas enseñanzas

desdeaqui@hoy.com.ec

Hora GMT: 18/Julio/2008 - 18:08



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