|    Pico y placa Quito:  9-0    |  

Embaulamiento

Publicado el 13/Abril/2008 | 00:00

Embaular es simplemente meter algo en un baúl. En estos días, se ha utilizado generosamente el término de embaulamiento, a propósito del hundimiento en el sector de El Trébol. La Asamblea de Montecristi intenta, por su lado, desembaular de la Carta Magna el derecho a la vida y embaularlo alegremente en el Código de Salud o en el Código Penal.

Este derecho a la vida, derecho primogénito y angular, con todos sus colores, tanto los luminosos como los oscuros, clama por el máximo respeto.

Este derecho, por su misma naturaleza y dignidad, no se contenta sino con una atención reverente, no solo desde el nacimiento, sino desde la concepción del ser humano. Si no se le incluye en la Constitución, ese derecho quedaría flotando en una ambigüedad insípida, sometida a la voluntad volátil y esporádica de alguna comisión de legislación.

La vida no es nuestra. Decir esto es una perogrullada. Sin embargo, para no escandalizar, deberíamos decir mejor que la vida es algo nuestro, pero su origen, su consistencia, su desarrollo y su fin no son nuestros. Nadie decide sobre la jornada de mañana, pues puede suceder lo impensable.
Ninguno se alteraría si escucha que es serio el problema del dinero, el problema de los hijos, el problema del sexo, el problema de la salud, el problema político. Pero, ¡oh sorpresa!, no es serio para todos, al menos entre los asambleístas, el problema de la vida.

No obstante, la vida es algo serio: serio ante el universo, serio ante el destino. Esta seriedad lleva consigo un gusto por vivir, una voluntad de hacer, una utilidad en las relaciones, una expresión de bondad.

Benedicto XVI explicaba lo que es la vida, hace pocos días, hablando a los jóvenes en el Centro Internacional San Lorenzo del Vaticano: “La vida bordea el misterio, pues comienza con un milagro, en la materia inerte se desarrolla un centro vital; la realidad que llamamos organismo”.

En un primer escalón, la vida significa un gran biocosmos, una biosfera, que va desde las células primitivas hasta los organismos más organizados y desarrollados. En este estado, el hombre no realiza todas sus potencialidades, aunque sea siempre hombre y mantenga su dignidad, incluso en estado de coma o en fase de embrión.

Pero el hombre se abre a otras e insospechadas dimensiones, en un segundo avance. Quiere conocer la realidad en su totalidad, comenzando por su ser y el mundo. Tiene sed de conocimiento del infinito; quiere llegar a la fuente de la vida; quiere beber de esta fuente, encontrar la vida misma.
Pero el conocimiento no es la última aspiración del hombre. Más allá está su relación en la amistad y el amor. Es solo en esta dimensión donde el hombre encuentra la vida en abundancia. La vida así se convierte en una exigencia de grandeza, de rectitud, de superación, de progreso, de luz, agregaba el Santo Padre.

Hora GMT: 13/Abril/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Jaime Acosta Espinosa

Archivado en | Deportes 

Tags :



Actualizado por

1

hoyenlinea - en Diario HOY - Noticias de Ecuador.

Publicidad