Por Cecilia Velasco
cevelasco@hoy.com.ec
Es difícil hablar sobre un miembro de la familia en un espacio de opinión, y resulta más arduo si se trata de un "hermano incómodo" como este que les presentaré. Se justifica, sin embargo, porque el hombre orquesta, Fabián Velasco, tiene su peso propio -130 libras en 170 centímetros, como reseñaba un reportaje de la revista Soho-, que ha recibido los palos de los guardias metropolitanos cuando, con sus instrumentos musicales y su discurso, se planta en alguna de las calles del centro histórico para entregar su ejercicio artístico callejero.
Nacido en el año 1962, comenzó muy joven con su afición por la música: eran los tiempos de Quilapayún y Cafrune. Siendo estudiante de un colegio técnico regentado por curas salesianos, sufrió un accidente de trabajo que cortó las puntas de tres dedos de sus manos, pero eso no impidió que perseverara en su pasión artística, inseparable del dolor. Toca varios instrumentos, como guitarra, bajo, saxofón y cuatro llanero, rotos y destripados por la Policía Metropolitana en más de una ocasión, cuando llevaban detenido al hombre orquesta por no "respetar la Plaza Grande" y sus alrededores, como si a diario no la llenaran de ecos de predicadores con altavoces, discípulos krishna, músicos ciegos, ancianos tangueros, teatreros de la calle. Como si la música del hombre orquesta, en la que entran versos de Galeano, poemas herméticos, coplas que le hacen guiños a los estribillos de los mercachifles, ofendieran la alta majestad de la Plaza de la Independencia, del centro histórico, de los gordos policías metropolitanos.
¿Qué argumentos esgrime la guardia municipal? Que existen lugares asignados específicamente para vendedores ambulantes y músicos -estoy segura de que el concepto de arte en las calles no existe en la mentalidad burocrática de las sucesivas administraciones municipales-. Han llegado a decir que, en el círculo que se forma alrededor de un espectáculo callejero, no se puede saber en qué momento se podría estar traficando drogas (como si no fuera de dominio público que en La Mariscal y en calles céntricas existe un acuerdo, con corrupción de por medio, entre policías nacionales y metropolitanos que hace posible el expendio) ¿Qué mecanismos utilizan los guardias de la seguridad ciudadana? La humillación y el amedrentamiento.
Hasta 30 uniformados han rodeado al flaco hombre orquesta, al profeta loco de las calles que canta y se burla un poco de todos. Velasco le apostó al arte desde lo marginal, y lo hace con talento. Es compositor, y una de sus emblemáticas canciones formó parte de la banda sonora de la película Ratas, ratones y rateros. ¿Incómodo hermano? Basta verlo en su estrafalario traje, con la espalda, los tobillos y los muslos llenos de instrumentos y las gafas de soldador.
Si los discursos sobre el Bicentenario fueran más auténticos, remplazaríamos los palazos y la persecución gratuita por el respeto ante la libertad de expresión y la promoción de otros artistas, además de los consabidos o noveleros cantores de la Patria.
Hora GMT: 11/Agosto/2009 - 05:10
