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Electoralismo

Publicado el 06/Febrero/2009 | 00:08

Por Claudio Mena Villamar


cmena@hoy.com.ec

El vocablo que encabeza este artículo, identifica las "razones puramente electorales en la política de un partido" (DRAE). La parte electoral y todo su movimiento deben ser vistos como el final de un proceso político, una vez que se ha dado un debate en el interior del partido y cuando se han escogido entre sus afiliados a quienes llevarán adelante planes y proyectos internamente debatidos.

El infantilismo político de nuestra desvaída democracia sepultó el régimen de partidos, caracterizado con el neologismo de "partidocracia" o poder de los partidos, algo que siempre será mejor que el poder de una persona, de unos pocos o de una oligarquía.

Enfrentados a las próximas elecciones, cuando "casi" no hayan partidos, sino restos de unos que lo fueron, han aparecido los movimientos, más fáciles de crear, porque basta el trabajo de unas brigadas para la recolección de firmas y unos breves requisitos que se llenan casi siempre por nuevos aventureros políticos, hábiles para crear estos engendros, casi siempre bautizados con nombres pintorescos. Partidos políticos serios -si los hubo- quedaron reducidos a pequeñas cúpulas que dieron lugar a lo que Alejandro Carrión llamó "partidos de 15 numerosas personas".

La recolección de firmas se ha convertido en la base de nuestro sistema político, que no ha pasado de ser simplemente electoralista porque funciona solamente para eso: para recoger firmas y hacer campañas publicitarias. Y para que eso funcione, la Constitución de Montecristi ha creado un doble aparato burocrático, costoso en sí y en su funcionamiento: un Consejo Nacional Electoral y un Tribunal Contencioso Electoral.

Debemos recordar que en el sistema electoral que figuró en la anterior Constitución, se bastó y sobró el antiguo Tribunal Supremo Electoral. Para realizar un trabajo similar, tendremos, de hoy en adelante, dos entes de la misma función: el uno que organiza el proceso y el otro que resuelve los asuntos contenciosos que se presenten después de elecciones.

Por último, si queremos una democracia con partidos y movimientos políticos de verdad, deberemos tener una ley de partidos y de movimientos políticos como prevé la actual Constitución. En ella (art.109), se dice que "la ley establecerá los requisitos de organización, permanencia y accionar democrático de los movimientos políticos...". No habla de ley de partidos, lo cual es extraño. La diferencia de unos y otros se refiere solo a su cobertura. Los partidos deberán tener estructuras por lo menos en la mitad de provincias, dos de las cuales corresponderán a las tres de mayor población.

Los partidos y movimientos son necesarios para cimentar la cultura política de los ciudadanos. Es necesario salir de este electoralismo que funciona solamente por y para las elecciones, hasta su final.

Los vicios de la partidocracia se han debido a la falta de democracia en los partidos, situación que los convirtió en cúpulas de grupos de poder, error del que no están libres los movimientos políticos ad hoc, condicionados para determinadas elecciones.

Hora GMT: 06/Febrero/2009 - 05:08

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