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Elección por distritos

Publicado el 16/Septiembre/2012 | 00:55

Ernesto Albán Gómez

ealban@hoy.com.ec

La elección por distritos es frecuente en el derecho constitucional universal. El sistema se inició en Inglaterra para elegir a los miembros de la Cámara de los Comunes. Fue hace varios siglos y se mantiene hasta hoy día. Y los investigadores consideran que ha sido uno de los factores decisivos para su tradicional estabilidad política.

Pero para apreciar debidamente este escenario, hay que tomar en cuenta algunos datos particulares. El primero es que el sistema político británico es parlamentario, por lo cual asume el gobierno el partido que tiene mayoría en los Comunes, y su líder es designado primer ministro. El segundo dato es el bipartidismo, pues a lo largo de la historia, dos partidos han ejercido alternativamente el poder. Esto ha sido posible precisamente por la elección distrital, que ha permitido que uno de los dos partidos obtenga la indispensable mayoría parlamentaria.

La elección por distritos ha sido adoptada por varios países (por ejemplo, Estados Unidos y Francia), pero en general los distritos son uninominales, es decir que se elige un solo diputado o congresista por cada distrito. De esta manera sí se consigue el efecto de que los electores del distrito se sientan representados por el candidato que eligieron y a él le hagan llegar sus iniciativas, sus preocupaciones, sus quejas. Y esa relación es el antecedente de una futura reelección o de un reemplazo.

Pero la adopción de esta fórmula electoral tiene una consecuencia inevitable: favorece a los partidos mayoritarios. Por eso funciona en los estados con dos partidos o dos bloques partidistas sólidos. Porque en la práctica deja sin representación a los partidos minoritarios o la reduce al mínimo, como ha ocurrido en Gran Bretaña con el partido liberal. En cambio cuando se vota por listas, se establece un reparto proporcional de escaños y los diversos partidos obtienen una representación acorde con los votos que obtienen.

Un punto neurálgico en la votación distrital es la determinación geográfica de los distritos. Es obvio que todos deben mantener un equilibrio demográfico y tener una continuidad territorial; pero también la experiencia demuestra que es fácil, al menos si no hay controles políticos, el manipular la conformación de los distritos, añadiendo o dividiendo segmentos poblacionales, que se presume favorables o adversos.

Estas observaciones resultan pertinentes una vez que, por obra y gracia de una de las reformas legales noveleras, en las próximas elecciones de asambleístas, tendremos una elección por distritos (la ley las llama circunscripciones). Pero, claro, con algunas particularidades. No todo el país se dividirá en distritos, sino solamente las tres provincias más pobladas. Y los distritos serán plurinominales, con lo cual se tendrá que recurrir de todos modos a un método proporcional para la adjudicación de escaños. Paro ¿cómo dividir a Pichincha en tres distritos, a Guayas en cuatro y a Manabí en dos? La forma en que se lo ha hecho es, por decir lo menos, cuestionable.

Ya veremos en los próximos meses las consecuencias de este singular experimento.

Autor: Ernesto Albán - ealban@hoy.com.ec Ciudad Quito

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