|    Pico y placa Quito:  9-0    |  

El triunfo del carro

Publicado el 18/Noviembre/2008 | 00:07

Por Felipe Burbano de Lara

Cada día la situación parece peor con más y más vehículos que inundan las calles y avenidas de Quito. No es posible ni siquiera programar los tiempos porque a cualquier hora, en cualquier día, en el sitio menos esperado, aparecen los insoportables atrancones. O nos asalta la neurosis y maldecimos al alcalde, a todos quienes tienen vehículo o esperan comprarse uno, a quienes quieren seguir vendiéndolos; o nos resignamos, ponemos música y nos encerramos en ese pequeño espacio para resistir con estoicismo el ritmo lento, desesperante con el que avanzamos de una esquina a otra.

El carro es el ícono de la irracionalidad capitalista. Todos quieren tener uno aún cuando sepan con absoluta certeza de que contribuirán a deteriorar la vida en la ciudad y a congestionar calles y avenidas. Pero aún así, todos lo desean: los padres de familia, las mujeres, los hijos, los recién casados, los solteros, los recién graduados... Sin automóvil no somos nadie. Pero con él nos volvemos neuras apenas pisamos las calles. Y aún cuando no quepa uno más en la ciudad, las concesionarias y los fabricantes la inundan de anuncios publicitarios para persuadirnos con los últimos modelos. Mientras uno maldice el embotellamiento en el que se encuentra atrapado, se topa con alguna valla publicitaria que promueve el último modelo, el más económico, el más confortable, el que le hará sentir los avances de la tecnología, la pasión. Y usted atrapado/a en un infierno.

Al parecer, cada año se baten récords de ventas en una larga serie que viene desde 2000. HOY decía unos días atrás que en este año se venderán más de 100 mil vehículos en el país, de los cuales el 60% ingresará a Quito. Por eso, todos los días el problema se agrava. Literalmente: todos los días. Del presupuesto del Municipio para transporte, la mayor parte se gasta en adecuar la ciudad para permitir el flujo vehicular. Gasto desperdiciado, digo yo, porque el problema nos vence.

Vemos este desastre sin saber qué hacer, atónitos. A ratos me pregunto con qué cara se puede vender más carros cuando se sabe de antemano que es una mercancía que tiene ya saturada la ciudad, que le hace daño. Es como si alguien promocionara un alimento con la seguridad de que causará estragos estomacales.

Maldecimos, a través del carro, la irracionalidad del capitalismo, y nos sorprendemos por la desidia -parecería- con la que actúa el alcalde Paco Moncayo. Cuando termine su segunda administración nadie se acordará de las obras buenas que hizo en los primeros años de gestión sino de la ciudad inundada de automóviles que deja. Asociaremos su nombre con una ciudad taponada. Su período de gestión coincide con el triunfo inapelable del carro. Y ha visto casi impasible avanzar el problema.

¿Qué hacer? ¿Mejorar el transporte público? ¿Multiplicar los impuestos al rodaje? ¿Una moratoria de ventas? ¿Limitarlas? ¿Pico y placa? Tengo la sensación, como un grupo importante de quiteños, de que nos hemos portado muy lentos en visualizar el problema y en diseñar unas políticas para enfrentarlo. Grave herencia tendrá el próximo alcalde. Ojalá las soluciones, si las hay, lleguen a donde tengan que llegar a tiempo, y no queden atrapadas en alguna de esas congestiones infernales que debemos soportar todos los días.

fburbano@hoy.com.ec

Hora GMT: 18/Noviembre/2008 - 05:07

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Comentarios

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  1. 1 Osvaldo Fierro Terán desde - Quito

    ¿El triunfo del carro o de la irracionalidad?

    Felicito y concuerdo plenamente con su artículo, más aún cuando hay un llamado a la conciencia ciudadana para interiorizar un problema que "ya es de todos" los que vivimos en esta maravillosa ciudad, que de a poco está dejando de ser amigable para convertirse en "carroable".

    Quizá las autoridades invierten y gastan tiempo y dinero en buscar soluciones para la movilidad en Quito, aunque no se nota, pero también es un problema que nos incumbe a todos y todas.

    Más allá que un vehículo nos de confort y nos permita desplazarnos a cualquier parte, aunque sea a comprar pan y leche, está la irracionalidad de quienes poseemos o aspiramos a contar con un vehículo. "Yo no es un lujo sino una necesidad" se dice y afirma por todos lados; sin embargo es una "necesidad" que una vez satisfecha caotiza aún más la estrechez geográfica de la capital. Más aún como no se transita con orden, disciplina y condescendencia, sino que cada quien hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere; la caotización adquiere un semblante que desencaja a la ciudad entera.

    A ello debemos sumar que por dónde quiera circulan autos de cualquier tonelaje, tienen sus estacionamientos en donde menos se piensa, cargan y descargan en cualquier parte; talleres mecánicos, de pintura y enderezado hasta en al vía pública... bonitos adornos que generan más congestión y angustia vehicular.

    ¿Y de los semáforos? Ni hablar, están tan bien desincronizados que cooperan eficientemente para atracar el tráfico en cualquier esquina. La ola verde es una añoranza quitense. Son tan inteligentes estos aparatos que generan más congestión. Entre el rojo y el verde de la mayoría de esquinas lo único que coincide es que hay semáforos. El resto es confusión y discordinación.

    Más allá de limitar la venta de autos, el pico y placa está la generación de la responsabilidad ciudadana y una reflexión seria de la sumisión humana a la desbandada consumista que ha hecho de cada persona un títere del mismo, aunque sepamos que nos esclaviza y limita seriamente en nuestras realizaciones humanas.

    Con estas realidades muy lejos estamos de ser una sociedad amigable, cercana, donde fluya la vida, la alegría y el bienestar de todos.

  2. 1 Cesar Dominguez desde - Quito

    Toda ciudadano tiene derecho a poseer su carro, así que ciudades, pueblos y carreteras tienen que adecuarse a ese principio, este país siempre estuvo diseñado para que los que acceden a comodidades sean pocos y los de a pie sean muchos, gracias a la dolarización los pobres han podido ver sus ahorros consolidados y efectivos para comprarse un carro, una casa, un departamento, porque antes con la devaluación no sabían ni porque eran eternamente pobres, el que piense como usted que no compre carro y ande como mas le guste, pero no pretenda que sus retrogradas ideas sean asimiladas por otras personas.
    Seria bueno que las ciudades ecuatorianas empinen a planificar su desarrollo y en esa planificación tengan presente el principio de que todos debemos alcanzar los mejores estándares de vida y comodidad, todos. Y como muchos “intelectualoides” no saben llamar a las cosas por su nombre, este articulo no debería ser el triunfo del carro, si no el triunfo de la falta de planificación, ¿conocerán el significado de esa palabra?

  3. 1 Oswaldo Mesias desde - Quito

    La perorata de la irracionalidad capitalista es típica de quienes la han vivido y disfrutado toda la vida, y pretenden aconsejar a los demás que eso es malo, que no lo intenten, para que no se igualen y causen problemas. El problema no es el exceso de carros sino la falta de espacio en las calles. Si hubiese exceso de carros nadie necesitaría transporte público. Qué tal si el Sr. Felipe Marqués de Burbano y de Lara y de etc. deja su auto por UN AÑO y usa transporte público o camina, en la lluvia, de noche y con paquetes y niños, para que vea si no es justo que todos aspiremos a tener un auto.

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