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El silencio increíble

Publicado el 14/Septiembre/2008 | 00:10

Por Ernesto Albán Gómez

Son muy pocas las voces que se han escuchado en el Ecuador denunciando la infame persecución de la que es víctima Ernesto Cardenal, por parte del Gobierno de Nicaragua. Para quienes no están familiarizados con este nombre, baste decir que se trata del más importante poeta latinoamericano de las últimas décadas.

Y este silencio es tanto más increíble (y sospechoso) por cuanto Cardenal, además de poeta, es un sacerdote vinculado a la teología de la liberación, y un humanista cuya vida ejemplar es un testimonio de auténtica fe revolucionaria, puesta al servicio de los más necesitados de su país. Se podía esperar, por lo menos, que aquellos intelectuales ecuatorianos que afirman ser de izquierda protestaran por los atropellos que sufre esta figura emblemática.

Me temo que la explicación del silencio es penosa: el Gobierno perseguidor es muy cercano al Gobierno ecuatoriano y el presidente nicaragüense es invitado frecuente para venir a nuestro país, con cualquier pretexto. Con tal antecedente, cualquier protesta podría ser interpretada como un acto de oposición al Régimen y, por tanto, como una maniobra destinada a impedir el cambio, originada naturalmente por la derecha, con la cual los tales intelectuales no quieren tener la más mínima coincidencia.

Pero si esta interpretación, además de penosa, es simplista (y absurda: ¡la derecha alineándose en la causa de Ernesto Cardenal!), es más grave todavía lo que podría ser la explicación última de este silencio: una actitud de subordinación frente al Gobierno, alimentada, por supuesto, por el espejismo de que se ha puesto en marcha la añorada revolución.

Hay mucha tela que cortar en este tema. Un hombre de cultura no puede ser sumiso ante el poder. Si su tarea es defender los valores más profundos y esenciales de la humanidad, jamás se convertirá en cómplice de los atropellos que el poder comete, sea cual sea su signo ideológico. Es cierto que en casos extremos (los regímenes tiránicos de Hitler o Stalin) algunos intelectuales, por un temor entendible, prefirieron callarse.

Pero en el caso ecuatoriano sospecho que hay también un error de base: por mucho que los más entusiastas quieran verlo de esa manera, en realidad la revolución no está en marcha. Lo que sí está en marcha es un proceso de concentración de poder, autoritario y muy próximo a la dictadura, si ya no ha caído en ella. Y que utiliza para sustentar su objetivo un discurso clientelista, con tópicos de izquierda, y con demasiadas concesiones a la galería.

Es lamentable que la visión maniquea, que predomina por ahora en el Gobierno, sus aliados y sus fieles seguidores, incluidos los intelectuales, haya llegado al límite que motiva este comentario. No solo que el gobernante es intocable, sino que es inmune a la crítica todo lo que se relaciona con él, aunque se trate de un acto repudiable cometido por un gobierno extranjero y que tiene como víctima a un personaje fundamental de la cultura latinoamericana.

ealban@hoy.com.ec

Hora GMT: 14/Septiembre/2008 - 05:10





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Comentarios

  1. 1 economista libre

    TODOS LOS COLABORADORES DE ESTE REGIMEN TIENEN COMO REQUISITO INDISPENSABLE EL DE SER SUMISOS. LOS POCOS QUE NO FUERON SUMISOS -RECUERDO AL SUPERINTENDENTE DE BANCOS- FUERON DEFENESTRADOS POR LA ASAMBLEA DE PLENOS PODERES

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