Por Pepe Laso R.
joselaso@hoy.com.ec
Los mandatarios de Unasur se juntan y declaran solemnemente que la parte del planeta que habitamos es zona de paz y de seguridad. Se toman las fotos de rigor y vuelven contentos a sus países para sentar las bases de la paz. Casi enseguida comienzan las violencias verbales y los gestos valientes para ganar televidentes en sus propias parroquias. Muchos inician recorridos o envían a sus ministros en busca de juguetes bélicos para la eterna Navidad patriotera a costa de los desposeídos que habitan los discursos. electorales perpetuos. Unos van a Francia en busca de submarinos nucleares y aviones de combate; otros, a Rusia también por submarinos y fusiles Kalashnikov, de esos que vemos acompañar los funerales de las víctimas de las violencias del Medio Oriente; otros van a Israel por aviones no tripulados; otros a los Estados Unidos en la lógica de las escaladas de violencia... que hacen que cada uno se sienta más seguro si es un poquito más fuerte que el otro.
Los pactos con los vendedores de juguetes se sellan casi con besos, según las costumbres y miles de millones, apenas, $38 000 el año pasado, dejan miles de pobres en el territorio de paz, muertos por enfermedades simples y miles de niños desnutridos, alimentados por palabras y más palabras.
Mientras esto acontece y se justifica por supuestas razones de secretos seguridad nacional que cualquiera puede leer en las revistas especializadas del mundo, la Asamblea Nacional venezolana, por ejemplo, prohíbe "la fabricación, importación, distribución, venta, renta de videojuegos y juguetes bélicos" ya que entiende "que el juego es una recreación que desarrolla capacidades que repercuten en las futuras actuaciones de nuestros niños" ya que "la violencia en el juego es trasladada a la vida cotidiana del menor " y calla sobre la anunciada instalación de una supuesta fábrica de fusiles rusos AK47, en ese territorio, que servirán, porque esos matan de verdad y no simbólicamente, en la realidad, para afirmar la revolución bolivariana en los niños pervertidos por los videojuegos y las flechas de plástico.
Es que Jean Baudrillard tenía razón cuando escribió que el simulacro se definía "como la substitución de lo real por los signos de lo real" y, como lo explica Vicente Verdú, "que, en la Guerra del Golfo, la humanidad entera fue convocada, una y otra vez, tal y como se convoca al público ante la celebración de un gran acontecimiento deportivo, a la celebración de una colosal representación. Las muertes de los hombres bajo las bombas son reales -y Baudrillard se declara sensible a ellas-, pero esas muertes se producen sobre un territorio casi fantasmal, mediatizado por los media y traducido en emociones próximas a la provisional afectividad del espectáculo".
Quizá cabría preguntarse si los neoinquisidores se autorrealizan llevando a la hoguera a Homero Simpson y pensando que los traficantes de armas andan solo por el salón del juguete.
Hora GMT: 13/Septiembre/2009 - 05:11
