Andrés Calamaro tocó por primera vez en el Ecuador el jueves, en el coliseo Rumiñahui
Una fila de cuatro hombres, armados con tres guitarras y un bajo, se plantó en el escenario a las 20:15. Entonces empezó, a capela, la letra de "El salmón".
Un inicio tan osado daba la pista definitiva de lo que sería el concierto: no se vería a un Andrés Calamaro pasivo a lo Bob Dylan, sino al viejo lobo de mar a lo Mick Jagger. Y así fue.
Con un escenario simple, de buen sonido y con la precisión de un oficinista que sabe mejor que nadie su trabajo, Andrés Calamaro quiso compensar al público ecuatoriano de su anterior ausencia, deuda que tenía desde su militancia en Los Rodríguez.
"¡Hombres y mujeres de Quito, buenas noches!", fue su grito inaugural como prólogo a su tercera canción, la cumbia "Tuyo siempre", seguida de "Mi gin tonic" y el regalo desde el pasado: "A los ojos", cortesía de la época de Los Rodríguez.
Como si tuviera prisa por irse, las canciones se sucedieron a ritmo frenético, casi desesperado, como para que no haya tiempo de que el ánimo decaiga.
De hecho, el rock de Calamaro no dio tiempo para sentimentalismos, ni siquiera con los temas más románticos: "Carnaval de Brasil", una de las canciones nuevas más coreadas; "Soy tuyo", tema dedicado a su esposa que mezcló con "Contigo" de Sabina y "Crímenes perfectos", canción que escoltó su falsa salida.
Algo parco por el paso de sus 47 años, con la oxidación de sus temporadas de excesos, Calamaro daba piruetas y saltos, patadas ninja, contoneaba la cadera para rendir tributo al género que le hizo quien es: el rock.
Con la costumbre de arrojar al público todo lo que cayera al escenario , dedicó un pequeño repertorio al ritmo que desde la cuna lo cobijó: el tango, con "Jugar con fuego", "Los mareados", y la versión sombría de "Volver" que sirvió de prólogo a "Flaca".
Calamaro entregó un performance políticamente correcto, motivado por el salvajismo de la experiencia de este "salmón musical". El fin: 22:30. Todo el Rumiñahui estuvo de pie durante dos horas y cuarto. (RR)
Los asistentes opinan...
Faltó algo de Los Abuelos de la Nada
"Andrés Calamaro tiene mucha personalidad y carisma. Fue gran show, a su altura; aunque me quedé con ganas de escuchar algo de Los Abuelos de la Nada, sobre todo "Mil horas", que era la canción con la que se promocionaba el concierto", dijo Mabel Yánez.
Tocó las canciones que esperaba
"Fue un concierto muy bueno, aunque faltó más diálogo entre Calamaro y el público... Pero eso no importó: lo gocé porque tocó todas las canciones que esperaba de su etapa de solista. Cuatro canciones de Los Rodríguez no fueron suficientes", dijo Jorge Aguilar.
A Calamaro no le da miedo el anonimato
En la rueda de prensa el artista habló de su carrera y de su vida
Las divertidas explicaciones que Calamaro daba a la prensa no fueron incoveniente para nadie en la Sala Lugano del Swisshotel en Quito.
Incluso, provocaba cierta admiración ver a un grande de la música reír y bromear como en familia.
Contó que había empezado su gira en Guadalajara, México y que después de estar en Ecuador pasaría a visitar Lima y luego, Houston para "tratar de ganarle el grammy a Juanes" dijo entre risas.
Luego, con la misma ironía que lo caracteriza habló del peso de su fama "siempre pensé que los famosos eran los de la tele, artistas de Hollywood.
La fama nunca me pesó, cuando me va bien es un alivio(...)Puedo soportar perfectamente el anonimato, lo que pasa es que gracias al reconocimiento dormimos en mejores hoteles".
El querido Salmón, habla de Bob Dylan, de Bruce Springsteen, de Miguel Abuelo y en verdad los admira, los quiere, los respeta y después de casi 30 años de carrera musical, ama al Rock n' roll como simpre "El Rock nos piede un poco más, pero también nos ofrece más". (MJC)
Hora GMT: 25/Octubre/2008 - 05:03













